Opinión

Con Luis Cernuda aún, a 50 años de su muerte

Rodolfo Alonso | 06 de noviembre de 2013

En la tómbola incierta de las conmemoraciones, parece haberle tocado ahora –inesperadamente– al más secreto y hondo de los poetas andaluces. Siempre discreto y reservado, siempre fino y distante, Luis Cernuda (1902-1963) supo combatir por la República y pagar con su exilio interminable en el México fiel, donde encontró la tumba, un 5 de noviembre de hace medio siglo.

Estruendosamente silenciado entre sus compatriotas, nunca dejó de responder con altivo desdén y sutil ironía al ninguneo absoluto con el que fue afligido.

Quizá por eso, dedicó uno de sus poemas memorables (“con unas violetas”) al más ácido y mordaz crítico de la sociedad española, el agudo cronista Mariano José de Larra. Ese mismo texto que comienza, tan bellamente, con una de las líneas indelebles del poeta Cernuda: “Leves, mojadas, melodiosas”.

Cuando aún arreciaba sobre él aquel feroz silencio, el 27 de octubre de 1968, se me escribió este poema, incluido más tarde al comenzar mi libro ‘Señora Vida’, de 1979, y que hoy me gustaría volver a dedicarle, en estas nuevas circunstancias.

 

 

Con Cernuda

¿Por qué tú, tan distinto

de mí, esta noche

cualquiera me pareces

casi un pariente?

¿Por qué si diferentes

somos en carne y nervio

y letra, y sólo algo lejano

que tiene que ver con un país

disuelto en sangre y niebla

quizá acaso nos una?

¿O serán las palabras

estas, cargadas

de sentido, de instinto,

de amor por la belleza,

el orden de lo vivo,

la gracia elemental?

Y ahora recién

me vuelves, Luis,

cuando quizá

es tarde ya para decírtelo.

Pero no a otros.

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