Opinión

El último símbolo del año

El último símbolo del año

Es fascinante la obra del antropólogo Jared Diamond, desde el primer al último libro. En el más reciente, ‘El mundo hasta ayer’, describe el primer contacto de la civilización moderna –un australiano de apellido Leahy– con un pueblo nativo de Nueva Guinea en 1933 y reflexiona sobre el etnocentrismo, la importancia ignorante que nos damos cuando nos creemos el centro del Universo y lo poco que representamos en el magnífico y diverso conjunto de sociedades que habitaron este planeta. Algunas de esas sociedades, maltrechas, están en sus últimas generaciones debido a la presión insoportable de la uniformidad cultural y económica –es decir, la rentabilidad a escala que quieren las multinacionales– que exigen los poderes actuales. Los protagonistas del mencionado encuentro que todavía viven en el siglo actual cuentan que el choque con Leahy ha sido el mayor trauma de sus vidas porque estaban convencidos de que no existían más humanos fuera de su valle entre cordilleras de Nueva Guinea, una isla gigantesca que es todavía más interesante para un antropólogo o un lingüista que la propia selva amazónica. Coincidiendo con estas lecturas para cerrar el año, unos investigadores australianos presentaron estos días el descubrimiento de unos adornos de piedra volcánica encontrados en un yacimiento de Nueva Guinea. Tienen 6.000 años de antigüedad y lo más sorprendente, para la ciencia, es que no tienen otro uso que el de representar un mensaje, de simbolizar algo. En definitiva, sirven para informar, para comunicar, que es lo que hacemos nosotros con los lectores. Con menos pompa, desde luego, cerramos en la Redacción de este semanario el último número de 2013. Feliz 2014.

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El último símbolo del año