Opinión

Una especie sin papa ni rey

| 25 de febrero de 2013

Si entregamos en cuerpo y alma nuestra dignidad, de dónde vamos a sacar la Razón para tener un modelo social más justo. Estos días hay más análisis periodísticos dedicados a las porquerías de un papa y de un rey que a reflexionar sobre el improductivo sistema económico español, un desastre para los que menos tienen pero también para las clases medias. Al rey se le entrega el cuerpo, la dignidad de ciudadano, de entrada en las formas; y al papa se le da la pretendida alma, que es en lo que nos refugiamos cuando tenemos miedo a usar la autonomía intelectual del hombre.
En ambos casos cargamos la responsabilidad de nuestros destinos sobre terceros, como si tras milenios de evolución nuestra especie hubiera aprendido que ser súbdito y fanático (todo acto de entrega a figuras mesiánicas intangibles es fanatismo, venga de Oriente o Occidente) es más eficiente que tomar conciencia de individuo libre y social. Si esto fuera realmente un problema genético, todos seríamos súbditos y devotos por igual, y no cabría ni papa ni rey en esta especie que encaja el palo y el rezo como una necesidad.
Es, precisamente, un problema de cultura y de acomodación a la cultura. Por eso no resolveremos nuestras desigualdades económicas hasta que no superemos nuestros complejos de inferioridad de plebeyos feligreses y empleemos la Razón y la igualdad como motor de nuestro destino. El papa y el rey, para quien lo necesite.

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