Opinión

Un Papa hijo de la emigración

| 20 de marzo de 2013

Su origen no es gallego, tampoco español, pero el nuevo Obispo de Roma (como le gusta llamarse) comparte con nuestros paisanos en Buenos Aires la experiencia de ser hijo de la emigración o, lo que es lo mismo, hijo de la pobreza; esa pobreza de la que huyeron muchos gallegos y españoles, y también sus antepasados, dejando como legado un apellido que delata su procedencia italiana. Bergoglio bien podría ser Abalde, Castro, Maceira, Fidalgo, Hermida, Fernández, Otero, Pérez o Rodríguez y con todos ellos parece identificarse el nuevo Papa. Estoy pensando en todos esos españoles y gallegos en Buenos Aires a los que la suerte dio la espalda en esa tierra de promisión que un día fue. También por ellos el nuevo vicario de Cristo huye del lujo y la ostentación. Dicen que se le podía ver desplazándose en metro o en autobús por las calles de Buenos Aires y que se hacía su propia comida; dicen que vivía en un apartamento lejos de las comodidades del Obispado; dicen que le gusta mostrarse cercano a sus feligreses y atento a sus necesidades. Jorge Mario Bergoglio, jesuita él, se abraza a la pobreza como lo hiciera en su tiempo ‘il poverello’ de Asis y de él tomó su nombre para situarse como cabeza visible de la Iglesia. ¿Qué habrá visto en él la curia romana para encomendarle la difícil misión de llevar las riendas del Vaticano en tiempos tan complejos? ¿Qué  transmite este hombre que ya en el anterior Cónclave iba camino de ocupar el ‘trono’ de Pedro? Se habla de sencillez y humildad. Si a ello añadimos nobleza de corazón podría decirse que el nuevo Papa reúne los ingredientes indispensables para proclamar a los cuatro vientos el mensaje de los evangelios y, lo que es más inusual en tan altas esferas, predicando con el ejemplo. Como contrapartida, su nombramiento ha sacado a la luz ciertos aspectos controvertidos de sus años como sacerdote. Se habla de su connivencia con la dictadura argentina, que dejó muerte y sufrimiento. También de su enfrentamiento con los Kirchner acerca del matrimonio homosexual. Si de lo primero es difícil hacer un análisis desde la distancia, respecto a lo segundo queda claro que cada uno se ha colocado en el lugar que le corresponde: el poder civil tratando de abrir las puertas a las nuevas exigencias que demanda la sociedad, mientras la Iglesia busca mantenerse firme en unos principios morales que considera universales e inmutables. El Papa se dice llegado al Vaticano “desde el fin del mundo”; o sea, ese mismo lugar donde hace ya tiempo Galicia instaló su quinta provincia. Por eso, también cabe preguntarse, ¿qué han percibido en él nuestros emigrantes, sobre todo los que se reconocen católicos, que durante años han podido tenerle cerca? ¿Qué idea tienen del nuevo Papa los que con él comparten la incierta experiencia del éxodo? Los gallegos, siempre tan observadores del comportamiento humano, a buen seguro tienen una idea certera de la personalidad del nuevo Pontífice. Y su Santidad, ¿habrá descifrado ya a estas alturas si los gallegos en Buenos Aires suben o bajan? Sepa que depende, Santidad; para el gallego en Buenos Aires como para el gallego en su territorio, siempre depende. Y no por que quieran guardarse el as en la manga, como sostienen algunos, sino porque el gallego sabe mucho de los vaivenes de la vida y de la necesidad imperiosa de acomodarse a ellos. La pobreza así se lo hizo ver.

Más acciones:

Crónicas de la Emigración en la red

Boletín de noticias

Si quiere recibir información actualizada de Crónicas de la Emigración, envíenos su correo electrónico.
Suscribirse al boletín

Hemeroteca