Opinión

Eurovegas, del ladrillo al casino

| 11 de febrero de 2013

El proyecto para construir a unos kilómetros de Madrid una ciudad de lujuria y casinos, la llamada Eurovegas, es un monumento a la hipocresía de mayor tamaño que los edificios de ruletas, naipes y puterío que se están diseñando desde el despacho del magnate estadounidense Sheldon Adelson. La derecha ultracatólica defiende el puticlú más grande del continente; los ultraliberales piden la intervención pública para obtener ventajas fiscales y laborales y competir en desigualdad con el resto del sector del juego/casinos de propiedad española, que si tiene que cumplir la ley. Hasta se va a cambiar la ley del tabaco para que se pueda fumar en esos casinos. Suena a que aquí se ha producido la mayor mordida de la historia reciente de España. Eurovegas es como un paraíso fiscal pero también desde el punto de vista moral, de precariedad laboral, legislación sanitaria y hasta pensando en la cesión de soberanía sobre un pedazo de territorio español. El problema de Eurovegas no serán las putas y las drogas; se seguirá consumiendo de ambas. El problema es que este modelo empresarial y jurídico respaldado por el Gobierno es una aberración económica que acentúa todavía más la crisis de España en su conjunto. Si ya fue un error construir una economía nacional a golpe del ladrillo, el modelo de casinos es infinitamente peor, nos lleva a la indigencia: no crea riqueza real, favorece el dinero negro y la evasión de capitales, precariza salarios, etc. Y, lo peor de todo, consolida una España en la que las plusvalías del conocimiento, la formación o la investigación no tienen espacio posible y obliga a nuestros talentos a emigrar para crear riqueza en los países que luego vendrán a dejarnos una propina tras ganar en el casino que otro extranjero tiene en España.

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