Opinión

El bicentenario de Giuseppe Verdi y su biógrafo Charles Osborne

Giuseppe Verdi –el inefable compositor italiano, de quien este año conmemoramos el bicentenario de su nacimiento– vio la luz en Le Roncole en 1813. Primeramente estudió con F. Provesi en Busseto, trasladándose tiempo después a Milán, donde aprendió composición con V. Lavigna. 1839 marcó la fecha de su ‘début’ con el feliz estreno en la ‘Scala’ de Milán de su ópera Oberto.
El bicentenario de Giuseppe Verdi y su biógrafo Charles Osborne

Giuseppe Verdi –el inefable compositor italiano, de quien este año conmemoramos el bicentenario de su nacimiento– vio la luz en Le Roncole en 1813. Primeramente estudió con F. Provesi en Busseto, trasladándose tiempo después a Milán, donde aprendió composición con V. Lavigna. 1839 marcó la fecha de su ‘début’ con el feliz estreno en la ‘Scala’ de Milán de su ópera Oberto. Luego prosiguieron con gran éxito en diferentes teatros que culminaron con los nombradísimos de Il trovatore y La Traviata: obras que alcanzaron la renovación de la ópera tradicional italiana y levantaron la expectación del entorno musical de Europa. Asimismo el estreno –años más adelante, en 1871– de la espectacular Aida, con el motivo de la inauguración del Canal de Suez, significó la gloria de su carrera como compositor. Verdi, empero, continuó matizando y superando su propio estilo merced al drama lírico Otello, cuyo estreno tuvo lugar en la ‘Scala’ en 1887. Igualmente con la ópera bufa Falstaff. Ambas obras cuyos libretos eran de la autoría de Arrigo Boito. El amplio “registro musical” que exige a sus intérpretes muestra parangón con el de las óperas de Richard Wagner. Giuseppe Verdi escribió también creaciones “vocales” e “instrumentales” de suprema belleza: el Cuarteto de cuerdas, una Misa de réquiem a la memoria del inmortal Alessandro Manzoni, un Pater noster y Cuatro piezas sagradas. Verdi murió en Milán a los 88 años de edad en 1901.
Charles Osborne es el autor de Verdi, ‘Salvat Editores, S. A.’, Barcelona, 1985. Versión española de la obra original inglesa de idéntico título, publicada por ‘Macmillan London Limited’, Londres, 1978. De su traducción fue responsable Jesús Fernández Zulaica. “Quizás el único plano memorable de ‘Novecento’, el filme de Bernardo Bertolucci, sea aquél con que comienza: en medio de la noche, un arlequín, deshecho en llanto, desciende por un camino, acercándose hacia la cámara. Entre sus gemidos, podemos entender tan sólo esta frase: ‘Giuseppe Verdi è morto!’. Es, sin duda, una manera alusiva, hermosamente oblicua, de fechar el relato”, escribe José Luis Téllez en su ‘Prólogo’ titulado ‘La sabiduría del arte al servicio de la vida’. Charles Osborne, su biógrafo, nos remonta a “los primeros años”: de Oberto a Nabucco. Después vendrán los “años en las galeras”: de I Lombardi a Atila. Nos invitará a revivir desde Macbeth a Stiffelio. A continuación, “la ópera como drama”: Rigoletto y El trovador y La Traviata. ¿Patriota y político? Iremos de Las vísperas sicilianas a La fuerza del destino. Percibiremos los “años de madurez”: de Don Carlos a Aida. Y “los últimos años”: Otelo y Falstaff. Además, Osborne nos ofrece la ‘cronología’, el impagable “catálogo cronológico de las principales composiciones de Verdi”, los memorables ‘testimonios’ y la selecta ‘bibliografía’.
“Esta audición del espléndido Requiem de Verdi quedará entre los fastos de nuestras actividades musicales… Y quedará por doble motivo, ya que más de un texto habría de poner de manifiesto la tan mentada frivolidad de nuestro público –escribió el gran musicólogo y novelista cubano Alejo Carpentier en el libro El músico que llevo dentro, 1984–. Y entre otros, que ir a escuchar un Requiem es algo que siempre exige cierta reflexión, cuando se ignora, como puede ocurrirle a muchos, que esta misa verdiana es uno de los más perfectos trozos de música profana que se haya escrito jamás”. El hecho de que, no obstante su progresiva fama y su amos por Giuseppina Strepponi, Verdi hasta su muerte se nos revela como una figura tan enigmática como ovacionada por el público.

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