Opinión

Charles Spencer Chaplin, biografiado por Wolfram Tichy

| 07 de enero de 2013

“Es un hombre lleno de energía y obsesionado por el trabajo. En sus ojos llamea la desesperación de no poder cambiar la miseria de este mundo: sin embargo, no se da por vencido. Como todo auténtico humorista, tiene la agresividad de un animal de presa”, escribió en torno a Charles Chaplin el escritor judío de Praga Franz Kafka, quien agregaba: “Con ello se dispone a abordar el mundo. Y lo hace de una forma peculiar. A pesar de la cara blanca y de los ojos negros y redondos, no es un tierno Pierrot, pero tampoco un crítico mordaz. Chaplin es un técnico. Es un ser humano dentro de un mundo de máquinas en el que la mayoría de sus compañeros ya no disponen de la sensibilidad y el utillaje mental necesarios para apropiarse efectivamente de una vida que les ha sido cedida en préstamo. No tienen fantasía. Entonces empieza Chaplin a trabajar. Como un técnico en dentaduras hace dentaduras postizas, así crea él prótesis de fantasía. Esto son sus películas. Esto es todo el cine en general”. He aquí un texto citado por Gustav Janouch en Gespräche mit Kafka de 1951.

Tengo conmigo la versión española de la obra original alemana Chaplin, publicada por Rowohlt Taschenbuch Verlag GMBH. Hamburgo. La traducción del alemán estuvo a cargo de Paula Caridad Álvarez, para ‘Salvat Editores S.A.’, Barcelona, 1988, cuyo autor es Wolfram Tichy. Carlos Barbáchano –en su ‘Prólogo’ a este hermoso libro que él titula ‘Las indelebles virtudes de Chaplin’– nos invita a rememorar aquella entrevista que concedió a Le Nouvel Observateur el actor y director de cine Woody Allen, quien declaraba: “En los ambientes americanos está bien visto preferir Keaton a Chaplin. Es cierto que Keaton es un genio, y desde el punto de vista puramente técnico, sus películas son mejores que las de Chaplin, pero Chaplin era tan divertido…, era más humano. Cuando bajaba por una calle con ese aire malicioso empezabas ya a sospechar que habría bronca… Es mucho más moderno. Keaton era brillante y glacial; yo cambiaría con gusto todas sus películas por Luces de la ciudad. Es esa mezcla de humor y emoción lo que conmueve y me parece importante…”.

“Sobre ningún otro artista de cine se ha escrito tanto, ni siquiera aproximadamente, como sobre Charles Chaplin, quien casi en solitario hizo posible que el cine cómico y sus creadores llegasen a ser, en todo el sentido de la expresión, presentables en sociedad –señala Wolfram Tichy en su imprescindible biografía–. Ya en 1926, Alfred Polgar intentaba defenderse de los elogios que subían como la espuma, cada vez más: ‘Sobre lo que Chaplin es y su influencia he leído muchas explicaciones ingeniosas. Sobre su floreciente fama se asientan enjambres de escritores zumbando con sus trompas”.

Wolfram Tichy estructura su obra en 15 capítulos, incluyendo asimismo ‘notas’, ‘cronología’, ‘filmografía’, ‘testimonios’ así como una sintética ‘bibliografía’. Analiza al ‘chico’ y a ‘Candilejas’. Al “Charlot emigrante” y al que “cambia de oficio”. Al Charlot que “tiene una mujer celosa” y al “vagabundo”. Al “músico ambulante” y al hombre de “aventuras”. “Al sol” y “La quimera del oro”. A “El gran dictador” y a “el día de paga”. Al Charlot de “Tiempos modernos” y al de “Un rey en Nueva York”.

Recordemos que Charles Spencer Chaplin nació en Londres en 1889 en el seno de una familia de artistas de variedades, y que en 1910 emigró a Estados Unidos. Instalado en Vevey, murió en esta tierra suiza en 1977.

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