Opinión

Alrededor de Paul Celan

| 15 de julio de 2013

A fines de 1966, tocan el timbre de mi casa. Al abrir, me encuentro con un joven rubio, alto, delgado. “Soy Klaus Dieter Vervuert”, me dice ofreciéndome su mano, al mismo tiempo que sonríe decidido, “y vengo a traducir poesía alemana con usted”. Sorprendido, lo miro y le contesto de inmediato: “Pero yo no sé alemán”. Y él me retruca, veloz: “Y yo no soy un poeta argentino”.

Le expliqué que iba a ser un trabajo arduo, fatigoso, denso, interminable. Que durante mucho tiempo debería ser mi diccionario oral portátil. Que le iba a indagar una y mil veces las múltiples significaciones de sonido, sentido y contexto de cada palabra, de cada metáfora, de cada línea. Y él siguió sonriendo, imperturbable.

Así comenzamos a encontrarnos, casi todas las tardes, al salir de mi trabajo, en el bar del hotel Jousten, Corrientes casi esquina Leandro Alem, en Buenos Aires, durante largos meses. Jamás sentí que lo abrumaba con mis reiteradas preguntas sobre cada matiz, sobre cada significación, sobre cada tono.

Y así viví por primera vez una experiencia inolvidable, que sólo muy raramente iba a reiterarse a lo largo de mi vida: traducir poesía en equipo. Yo creí que era un sueño pero, también era joven y, además, desde siempre había estado naturalmente inclinado hacia los sueños, hacia las utopías. Cada vez que él confirmaba algún hallazgo, de los que se iban pasando al papel, me parecía sentir (aunque no palpar) que estábamos logrando, lo que parecía imposible, como debe ser: por medios inauditos.

Pero si su gentileza y su constancia fueron siempre tan imperturbables como su sonrisa, no podía imaginar que su decidida entereza, y también su eficacia, iban a conseguir asimismo otros milagros. No sólo se terminó el libro, sino que al poco tiempo ya estaba siendo impreso en una bella colección: Poesía alemana de hoy (1945-1966) [selección de Klaus Dieter Vervuert, traducción de Rodolfo Alonso y Klaus Dieter Vervuert, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1967]. Y al tenerlo en mis manos descubrí, casi por milagro, que ya contenía un prólogo al respecto del conocido especialista Hans Bender. ¡Y traducido por Ricardo Bada!

El libro, resultado concreto de aquel sueño, para mi incansable sorpresa no sólo fue distribuido en todos los ámbitos de nuestra lengua sino también leído. Y hasta comentado en los más distintos medios, casi siempre con mirada positiva.

Como todo lo que me empezó a ocurrir desde muy joven, especialmente alrededor de la poesía y de la traducción de la poesía pero, en realidad, para mi vida entera, cada nuevo hecho nunca fue en absoluto el resultado de un proyecto, sino algo que –simplemente– me ocurría. Por eso hay cosas que quizá ni yo mismo he estado en condiciones de calibrar dignamente. Y este libro fue sin duda una de ellas. Con un solo ejemplar en mi biblioteca, tuvo que pasar mucho tiempo para advertir que allí habían sido incluidos Nelly Sachs y Günther Grass, cuando quizá ni ellos mismos soñaban con recibir el Premio Nobel.

Y hay más. Durante mucho, muchísimo tiempo no volví a tener noticias de Klaus Dieter. Sólo hace poco, una investigadora alemana de visita en mi casa, Inke Gunia, me dijo que el libro en que estaba trabajando (precisamente sobre Poesía Buenos Aires) era para Iberoamericana Vervuert Verlag, la gran editorial especializada en nuestra lengua con sedes en Frankfurt y en Madrid. Y me dio su contacto.

Entre las muchas cosas que Klaus contestó, como al pasar me preguntaba si no me había dado cuenta que fuimos de los muy primeros en traducir poesía de Paul Celan al castellano. Y casi al mismo tiempo, con un escalofrío, me tocó a mí descubrir de improviso que, cuando intentábamos aquellas traducciones, Celan todavía estaba vivo.

Y como otro milagro, recurrente, ese libro que lo incluye entre otros grandes (Sachs, Grass, Enzensberger, Ingeborg Bachmann, Heissenbüttel, Krolow, Eich) volverá a cobrar nueva vida, ahora en manos de un sello argentino que nació y creció apostando a la poesía: Alción Editora, que ya lo tiene en prensa como Poesía alemana de posguerra (1945/1966).

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