Opinión

A la sombra del ‘baobab’, el enorme árbol de África

| 02 de julio de 2012

“El protagonista de esta historia de África, escrita en forma de ‘cómic’, es un niño llamado Rafiki. Quiere saber algo sobre el continente donde ha nacido. Un anciano de su pueblo, José, viene en su auxilio”, escribe Leo Salvador, redactor-jefe de ‘Aguiluchos’ en la contraportada del hermosísimo libro titulado Historia de África. El Baobab, Editorial ‘Mundo Negro’, Madrid, 2009. Con el texto de Antonio Arias, las ilustraciones corresponden a Arturo Arnau y Juan José Aguilar. Diego Tapia es el autor de la portada.
Los ancianos son, ciertamente, en África fabulosas bibliotecas andantes. Auténticos ‘archivos’ enriquecen su memoria, en la cual podemos consultar las tradicionales costumbres o bien el ‘devenir’ histórico de los pueblos. “En algunas ocasiones he tenido la oportunidad de preguntar a los niños dónde está África –señala Leo Salvador, el prologuista–. Sus respuestas han sido muy espontáneas. Algunos me dicen que es un ‘país’ que está muy lejos. Muchos jóvenes o adolescentes saben que no está lejos de España, quizá porque han visto en televisión llegar en ‘pateras’ a nuestras costas a algunos de sus habitantes. Pero muy pocos sabrían situar el país de origen de esos emigrantes. Este desconocimiento no es nuevo. Antiguamente, para situar a África en el mapa, se decía en latín: ‘Hic sunt leones’ (‘Aquí hay leones’)”.
El personaje del ‘cómic’ que es Rafiki, intentando conocer algo en torno a su continente de origen, abre las páginas de varios libros de Historia. Nada. Se refieren al Imperio Romano y a los bárbaros del norte de Europa, a las grandes civilizaciones del continente europeo, al “descubrimiento” o conquista de América. ¿Y a África? ¿Por qué tan escaso el conocimiento de su auténtica Historia? ¿O es que tal vez no la posea? A la sombra del “baobab” –ese enorme árbol que únicamente crece en África– el anciano José paulatinamente irá desgranando el futuro de un viejo continente al que el niño Rafiki juzgaba sin “identidad histórica”. ¿Y cómo el bueno de Rafiki iba a pensar que la génesis de la Humanidad se hallaba muy cerca de donde había nacido o que la inconmensurable y sagrada civilización de los faraones era africana, o que incluso existieron algunos faraones negros?
Así, pues, nos adentramos en una “realidad ignorada”, cuando no en algunas oportunidades, ¿por qué no decirlo?, hasta “despreciada”. De tal manera que descubrimos los asombrosos ‘reinos’ del siglo VIII al igual que del siglo XIII. Aquellas fulgurantes ciudades como, por ejemplo, Tombuctú. Añosas culturas de enorme desarrollo, caso de Zimbabue. Míticos ‘imperios’ al sur del continente, tal como el de los zulúes. Ahora bien, asimismo conoceremos el desalmado y nefando ‘tráfico de esclavos’, además del ‘expolio’ de casi todo el continente africano a manos de los ‘colonizadores’ europeos. He ahí ‘Eva de África’ y ‘Los egipcios’. ‘El oro y la sal’ y ‘Tambores y reyes’. ‘Los colores de la Historia’ y ‘La Historia pasa a lo largo de los ríos’. ‘La escuela de la selva’ y ‘Reinos y ejércitos del sur’. También, ‘Las ciudades de África’ y ‘Los nombres de Dios’. ‘Cristianismo e Islam’ y ‘Colonización portuguesa’. Igualmente, ‘La esclavitud’ y ‘Lucha por la libertad’, ‘Exploradores y aventureros’ y ‘El colonialismo’, sin olvidar ‘El final de las colonias’, ‘Las últimas independencias’ y, en fin, ‘Jugando bajo el ‘baobab’.

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