El Archivo de la Diáspora Vasca recibe las donaciones de la Editorial Ekin y del archivo personal del padre Iñaki de Azpiazu
El Archivo de la Diáspora Vasca recibió, gracias a la colaboración de Lehendakaritza y el Departamento de Cultura, un envío proveniente desde Argentina, en la sede de Bilbao del Archivo Histórico de Euskadi. Se trata de 86 cajas con material donado por la Editorial Ekin y documentos que formaban el archivo personal del padre Iñaki de Azpiazu.
Los 455 kilos de material recibidos pasarán a formar parte del Archivo de la Diáspora Vasca, donde serán catalogados y digitalizados, para ser puestos a disposición de todas aquellas personas que, por cuestiones de interés académico o personal, deseen conocer e investigar sobre la actuación de la diáspora vasca en el mundo.
“Es importante que como pueblo migrante tomemos verdadera dimensión de la importancia que estos fondos tienen para entender la aportación fundamental a nuestra historia que ha tenido la diáspora vasca. Estos documentos aportan información central para entender el pasado reciente de nuestro pueblo y de nuestro gobierno, desde una visión más holística e internacional del pueblo vasco, en su paso por el siglo XX”, explicó la directora para la Comunidad Vasca, Ziortza Olano.
Los testimonios del exilio
En el caso de la editorial Ekin, se trata del segundo envío recibido en el Archivo de la Diáspora Vasca. Los documentos de la editorial Ekin incluyen fondos archivísticos de su fundador y director Andrés de Irujo Ollo, del Instituto Americano de Estudios Vascos, de Peio Mari Irujo Ollo-Tierra Vasca, entre otros.
“Esta documentación abarca algo más de ochenta años de la historia de personas que se preocupaban por su país, su identidad y su cultura. Es testigo del trabajo infatigable realizado por la comunidad vasca del exterior para hacer conocer aspectos de su lengua, cultura y acontecimientos de la vida de su pueblo. Documentos que evidencian la existencia de una verdadera red humana de intenciones que, desde muchas partes del mundo y continentes, de manera individual o a través de instituciones culturales, se comunicaban y concretaban una importante producción cultural. Sería difícil entender la evolución de la cultura vasca en el siglo XX sin tener esto en cuenta”, detalló una emocionada María Elena Etcheverry, responsable actual de la Editorial Ekin y viuda de Andrés de Irujo Ollo.
Fundada en 1942 por los exiliados Isaac López de Mendizabal y Andrés de Irujo Ollo, la editorial Ekin se convirtió en un verdadero faro cultural en momentos de oscuridad, al permitir la publicación de obras y autores en euskera y más de cien obras que reflejan una gran variedad de temas, desde historia y literatura hasta folclore o ensayo político. Entre su catálogo se puede encontrar la Biblioteca de Cultura Vasca, conocida como Colección Ekin, cuyo primer número fue ‘El genio de Navarra’, de Arturo Campión, y la colección del Boletín del Instituto Americano de Estudios Vascos.
Un pastor de almas y cuerpos
Los fondos recibidos también incluyen el archivo personal del padre Iñaki de Azpiazu, donado por el Secretariado Cristiano de Ayuda a las Cárceles, la institución fundada por el sacerdote vasco cuyo fin es ayudar a la reinserción social de personas liberadas. La institución todavía hoy acompaña a personas encarceladas y sus familias en el momento crítico de su liberación para lograr su efectiva reintegración en la sociedad y evitar así reincidencia.
Nacido en 1910, en Azpeitia, el padre Iñaki de Azpiazu tuvo una vida signada por el compromiso en la lucha contra las injusticias y una verdadera vocación de llevar la doctrina social de la iglesia a los hechos. Sus primeros pasos fueron colaborando con Solidaridad de Trabajadores Vascos, en 1934, lo que le obligó a exiliarse en cuanto el bando nacional tomó control del territorio vasco. Durante la segunda guerra, colaboró con el Comité Católico de Ayuda a los Refugiados, asistió espiritualmente a los milicianos concentrados en los ‘camps d’accueil’, a los niños exiliados; ayudó a salvar la vida de muchas víctimas de la Gestapo; y fue capellán del Batallón Gernika, que peleó en la liberación de Burdeos. Por su actuación, el Gobierno francés le otorgó La Gran Cruz de Guerra.
El exilio le llevó a las costas argentinas en 1947, donde viviría hasta el fin de sus días, en 1988, y se convirtió en el guía espiritual de la diáspora vasca. Creó la misa mensual de los vascos, visitó casi todas las euskal etxeak del país (la concentración de euskal etxeak más numerosa del mundo) y mantuvo una intensa actividad con las instituciones de la colectividad vasca de Buenos Aires. La comunidad vasco-argentina aún hoy le recuerda con mucho cariño como ‘Aita Iñaki’.
Allí también desarrolló su vocación de periodista, donde destacan sus actuaciones como corresponsal del diario porteño ‘El Correo de la Tarde’, en Israel, durante el juicio a Adolf Eichmann y en el Concilio Vaticano II. También colaboró con muchas publicaciones periódicas de la propia colectividad vasca.
Sin duda, fue fundamental su papel en ayudar en la reinserción de liberados. A su designación como capellán de una de las cárceles de Buenos Aires, le siguió su papel de capellán de Institutos Penales de la Nación, desde donde organizó la asistencia espiritual en todo el país. Esta experiencia fue el origen de la fundación de la Casa del Liberado y del posterior Secretariado de Ayuda Cristiana a las Cárceles.