KARINA LOMBA Y LARA CASTRO SOLICITARON LAS AYUDAS DE EMIGRACIÓN PARA EL ‘KALEWA’

Dos retornadas diseñan un aparato de gimnasia novedoso en Europa: “Estamos muy entusiasmadas y creemos que va a funcionar bien”

| 20 de mayo de 2021, 15:57
Karina Lomba y Castro1
El ‘Kalewa’, un aparato pensado para la práctica de determinadas actividades deportivas orientales.

El viaje de retorno a Galicia lo emprenden los ‘hijos’ de la diáspora un poco a ciegas, casi tanto como antaño ocurría con sus antepasados que partían hacia la emigración. Vengan desprovistos de ideas o con un proyecto empresarial bajo el brazo, los testimonios son muestra de la incertidumbre que invade a quien se ve obligado a dejar su residencia habitual para emprender una nueva vida en un lugar remoto, por mucho que en él tengan enclavadas sus raíces. 

Le sucedió a Karina Alejandra Lomba y a su hija, Lara Castro Lomba, que, un buen día, y “hartas” de tanto desbarajuste como reina en Argentina, decidieron “cerrar los ojos” y fijar su residencia en Galicia, donde nunca habían estado, ya no tienen a nadie –“Los abuelos de Karina eran de Lugo, pero ya no viven”– , pero a donde llegaron dispuestas a emprender una vida nueva, más activa desde el punto de vista empresarial, y alejada del caos en el que está sumido el país austral. 

Su idea era poner en marcha una iniciativa vinculada a su especialidad, la práctica deportiva, y en ello se ocupan desde la localidad coruñesa de Ames, donde actualmente residen. Juntas trabajan en el diseño, puesta a punto y comercialización de un aparato de gimnasio nuevo en Europa, ideal para la práctica de actividades orientales como yoga, pilates o tai chi, que se conoce con el nombre de ‘Kalewa’ y con el que esperan obtener beneficios en breve.

El AirBalance, copiado de Brasil, cuenta con una serie de modificaciones introducidas por Lara, que asegura: “Yo lo rediseñé, lo mandamos a fabricar y lo probé”. “Fueron años de experiencia y de ir probando” y hoy es un producto “totalmente seguro”, añade. 

‘Kalewa’ (traducido del hawaiano como “En el aire”), no está a la venta todavía –“falta poquito”, dice–, pero, mientras eso ocurre, los miembros de esta familia se ocupan en el desarrollo de una página web que les permita dar a conocer este aparato en gimnasios de toda España, sobre todo en aquellos en los que se imparten las especialidades orientales.

“Estamos muy entusiasmadas y creemos que va a funcionar muy bien”, porque, “a todo el mundo le gusta explorar cosas nuevas”, asegura Lara, y añade: “Las personas disfrutan cuando hacen ejercicios desafiantes”. 

Madre e hija han sido capaces de transformar la inseguridad y la incertidumbre que les invadió en el momento del traslado en certeza y optimismo y no echan para nada de menos lo dejado atrás, tanto que “no volveríamos a Argentina”, porque “no creemos que la situación en el país vaya a mejorar”, comenta Lara.

Los primeros en llegar a España, hace dos años y medio, fueron ella y su pareja, y se instalaron en Madrid. Pero “necesitábamos espacio verde”, y Galicia se les presentó como el “lugar idóneo” para establecerse. Como les sucede a otros muchos que ven en el retorno una salida a su incómoda situación, “nos vinimos sin nada; con una mano delante y otra detrás”, y dispuestos a “buscar empleo”, dice. Más tarde lo hicieron su hermano y madre, enfermera y profesora de pilates en Buenos Aires, quien, “por su experiencia y demostrando lo que sabía, no tuvo mucha dificultad en hacer lo que tanto le gusta”, y hoy en día trabaja dando clases en un gimnasio en Ames, apostilla su hija.

 

 

“Solas no habríamos podido”

Si el desamparo y el desconcierto invade a los que emprenden una vida nueva, conocedores de lo que esa sensación provoca y sabedores de lo necesitada que está Galicia de incorporar habitantes para salvar su déficit demográfico, los políticos gallegos han decidido implementar las ayudas que dispensan a la población en el territorio hacia los recién llegados para hacerles más atractivo el establecimiento en Galicia. De lo que se trata es de que al llegar tengan sus necesidades básicas cubiertas para lo que contemplan ayudas en materia de sanidad, para el mantenimiento de los hijos, para la educación y también para el emprendimiento que son, entre otras, algunas de las iniciativas adoptadas para contribuir a suavizar el desconcierto que ocasiona el retorno.

Hace dos meses que Lara y Karina tuvieron conocimiento de estas subvenciones que la Xunta, a través de la Secretaría Xeral de Emigración, concede a los retornados para colaborar en el impulso de sus proyectos empresariales, y se animaron a realizar la solicitud. Cumplimentaron la documentación exigida y pudieron recibir la cuantía demandada, que, en su caso, les ha dado “una oportunidad” para poner en marcha su iniciativa. 

“Solas no habríamos podido” realizar el proyecto, comenta Lara, quien califica de “genial” la medida con que cuenta la Xunta para acompañar a los retornados y amortiguar de este modo las consecuencias de un retorno desconcertante. Porque esa clase de colaboración no se da en Argentina. Allí “no gastan recursos para ayudar a los emprendedores”, asegura, y menos ahora, en tiempos de pandemia.

Argentina, país líder en producción de alimentos, que cuenta con industrias a gran escala en los sectores de la agricultura y ganadería vacuna y presenta grandes oportunidades en algunos subsectores de manufacturas y en el sector de servicios innovadores de alta tecnología, presenta, sin embargo, un déficit más que notable en estabilidad económica, política y social. La volatilidad histórica de su crecimiento económico pasa factura a una población que busca en el exterior lo que les niega un país en constante añoranza del esplendor de época pasada.

La crisis desatada por el Covid-19 y el aislamiento social adoptado para combatirla agravaron todavía más la situación en el último año. La pobreza urbana en el país es más que llamativa. En el segundo semestre de 2020 alcanzó un 42,9% de la población, con un 10,5 de indigentes y una pobreza infantil del 57,7%. El Gobierno de Alberto Fernández se vio en la obligación de implementar el pasado año un paquete de medidas de emergencia para proteger a los más vulnerables y a las empresas, pero la economía doméstica sigue mostrando fuertes desequilibrios. 

Es por eso que, pese a las profundas huellas que el coronavirus dejó también en la economía española, las diferencias entre uno y otro país son tan palpables que ni Lara ni ningún otro miembro de su familia se plantea regresar. Es más, hace un mes, “volví a Argentina de vacaciones y me di cuenta de que estaba deseando volver a España”, reconoce. Y eso debido a “cómo funcionan las cosas aquí”. “Desde los semáforos hasta una señal peatonal”, todo se le hace distinto en Galicia, que le parece una comunidad “preciosa” y la tiene “fascinada, con el paisaje y con lo amable que es la gente”. También le llama mucho la atención la poca inflación que hay en España. Esto de ir al supermercado y que los precios se mantengan estables de un día para otro, es para ella como cosa de otro planeta, porque, según da a entender, en Argentina eso no ocurre; los precios se desorbitan de un día para otro. En el último año, coincidiendo con la pandemia, Argentina sufrió una caída del PIB del 9,9%, la mayor desde la crisis de 2002 y, a pesar del control de precios, la inflación anual alcanzó el 36%.

“Yo no sé si los españoles se dan cuenta de cómo están en comparación con otros países”, se pregunta, convencida del acierto de haber dado el paso. 

 

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