Retornada de Venezuela con su familia, quiere ejercer como abogada

María Gabriela Tortosa: “La acogida en Galicia fue positiva; muchos gallegos tienen familia en Venezuela y eso genera empatía”

Venezuela se ha convertido en el principal proveedor de emigrantes retornados a Galicia. Las circunstancias tanto políticas como económicas por las que atraviesa el país obligan a dar el paso a cientos de familias con origen en la comunidad autónoma. Los Tortosa Mendoza recalaron en A Coruña en 2018 procedentes de Valencia (estado Carabobo) y hoy en día han abierto dos negocios en la ciudad herculina: un bar y un centro psicotécnico. Las hijas optaron por desarrollar sus carreras profesionales: la abogacía y la ingeniería.

María Gabriela Tortosa: “La acogida en Galicia fue positiva; muchos gallegos tienen familia en Venezuela y eso genera empatía”
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Maria Gabriela –3ª por la izda.–, posa con familiares y amigos en la noche de A Coruña.

La falta de medicamentos en Venezuela para paliar algo tan sencillo como la hipertensión está detrás del traslado de la familia Tortosa Mendoza a Galicia, de donde partió el abuelo hacia tierras bolivarianas a la edad de 18 años. 

Los cuatro (padres y dos hermanas) hicieron el viaje a la inversa en 2018 y se instalaron en A Coruña con la idea de apostar por el emprendimiento familiar, ocupándose profesionalmente en aquello que mejor saben hacer. Como abogada de profesión, María Gabriela se encuentra en la actualidad realizando en la universidad de la ciudad herculina el curso de equivalencia de la titulación en Derecho que obtuvo en Carabobo, mientras que su hermana, Anahyl, se desempeña como ingeniera. Sus padres, Richard y Carol, que encaminaron sus pasos por el mundo de la gastronomía y la medicina, respectivamente, se han visto obligados a pedir un préstamo a una entidad bancaria para poner en marcha sus negocios que, en el caso de él, consistió en abrir un bar en la ciudad de A Coruña, mientras que ella, hija de gallego residente en la actualidad en Caracas, optó por poner en funcionamiento un centro psicotécnico, después de obtener la homologación del título de medicina en España.

Pese a venir como emprendedores, en su caso, no solicitaron ayuda alguna a la Administración gallega, que, de un tiempo a esta parte, se preocupa en colaborar con el colectivo de gallegos en el exterior, impulsando sus iniciativas, con el fin de atraer hacia la comunidad autónoma al mayor número de gallegos o sus descendientes que residen fuera, para que contribuyan al despegue económico de la región, así como a paliar el problema demográfico que acusa y que amenaza con agravarse en el futuro.

Los integrantes de esta familia optaron por pedir un préstamo bancario para evitar los trámites que exige la Administración, que María Gabriela califica de “engorrosos”, ya que, por la situación del país bolivariano, es difícil reunir la documentación necesaria para beneficiarse de las ayudas al retorno emprendedor.

El suyo es un ejemplo más de retorno a los orígenes en el que se involucran en los últimos tiempos miles de personas y de familias movidas por la situación en Latinoamérica, y de modo más alarmante, por la crisis política y económica que, desde hace años, atraviesa Venezuela.

Pero nada más llegar, otra crisis les aguardaba en el lugar de acogida: la crisis sanitaria provocada por el coronavirus que, como al resto de la población, les ha sorprendido y les obliga a mantener cerrado el bar que abrieron el pasado mes de julio –coincidiendo con el periodo que se conoce como ‘nueva normalidad’, tras un tiempo de confinamiento– en la coruñesa calle Pintor Joaquín Vaamonde. 

Todo parecía ir sobre ruedas –“Mi padre es un excelente chef y cocina superdivino y por eso quisimos explorar esa oportunidad, porque nos dimos cuenta que en España prima la cultura del bar, de la caña y la tapa”, dice María Gabriela–, pero las restricciones para hacer frente a la pandemia, que mantienen cerrada la hostelería en la comunidad autónoma, ha frenado un negocio con buena acogida. “La gente venía, le gustaba la comida…”, asegura, en relación a ese corto periodo de tiempo en que se pudo abrir el negocio.

Pese al contratiempo y de encontrarse “un poco afectados” por las medidas para hacer frente al coronavirus, los integrantes de la familia Tortosa Mendoza no pierden la “esperanza y la fe” en una pronta recuperación. Están acostumbrados a luchar y es por ello que aguardan tiempos mejores.

Por de pronto, la acogida fue para ellos una “sorpresa positiva”. “Nos han acogido muy bien”, comenta la joven, porque “la mayoría de los gallegos tienen un familiar que vivió o que estuvo en algún momento en Venezuela”, y eso desarrolla bastante “la empatía”, comenta esta nieta de coruñés, quien se empleó como conductor de autobús, y hoy en día “se siente más caraqueño que nosotros”, añade. Además, “las costumbres son muy parecidas” en un lugar y en otro, dice, y reconoce que una de las cosas que más le impresionó fue la música, “que es muy parecida”, sobre todo la música tradicional, porque las “músicas tradicionales en Venezuela tienen que ver con las gaitas de aquí”.

Su vinculación con Galicia desde el país bolivariano fue una realidad para esta joven abogada que, además de la influencia gallega que a nivel familiar le indujo su abuelo –“En la comunidad, todo el mundo lo conoce y lo llaman el gallego”, revela”–, mantuvo contacto desde jovencita con la Hermandad Gallega de Valencia (en Carabobo), donde practicó la natación y formó parte de los equipos de la entidad en esta modalidad deportiva. “En la Hermandad se busca mantener las comidas y la tradición”, dice esta venezolana, quien observa que un porcentaje alto de las panaderías y pastelerías del país están regentadas por gallegos.

El suyo es un viaje de ida, y quién sabe si también algún día lo será de vuelta. Tal vez cuando todo vuelva a la normalidad en Venezuela. Porque María Gabriela no descarta volver algún día a su país. “No sé el resto de mi familia, pero yo sueño con volver”, dice.

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