POLÍTICOS Y REPRESENTANTES DEL MUNDO DE LA CULTURA ASISTIERON AL ACTO CELEBRADO EN LA CIDADE DA CULTURA

Díaz Pardo es recordado con cariño y admiración en el homenaje de la Xunta

Galicia sigue recordando al genial Isaac Díaz Pardo. A poco de cumplirse un mes desde su fallecimiento, la Xunta de Galicia ha querido tributarle un homenaje en la Cidade da Cultura, allí donde, con su consentimiento, permanecerá para siempre su legado, mientras sus restos reposan alejados de cualquier protagonismo, que era como a él le gustaba vivir.
Díaz Pardo es recordado con cariño y admiración en el homenaje de la Xunta
 Feijóo, con la viuda de Díaz Pardo y sus hijos, Camilo y José.
Feijóo, con la viuda de Díaz Pardo y sus hijos, Camilo y José.

Galicia sigue recordando al genial Isaac Díaz Pardo. A poco de cumplirse un mes desde su fallecimiento, la Xunta de Galicia ha querido tributarle un homenaje en la Cidade da Cultura, allí donde, con su consentimiento, permanecerá para siempre su legado, mientras sus restos reposan alejados de cualquier protagonismo, que era como a él le gustaba vivir. Pese a todo, Galicia le sigue recordando y el pasado jueves no faltaron las muestras de cariño y admiración por el hombre que desde siempre puso su creatividad y humildad al servicio del arte y también de su tierra.

 

Toda una vida dedicada al arte y a la iniciativa empresarial requieren, cuando menos, de un reconocimiento que, en el caso de Isaac Díaz Pardo, se vuelve profundamente sincero, y así se puso de manifiesto durante el acto de homenaje que el pasado jueves le tributó el Gobierno de Galicia y que contó con la presencia de amigos y familiares –su esposa y sus hijos–, así como de representantes de la política –empezando por el presidente de la Xunta, Núñez Feijóo– las letras y el arte.
Palabras como “humildad”, “creatividad”, “sencillez”, “amabilidad” o “generosidad” fueron utilizadas por los intervinientes para definir a este “constructor de ideas” –como lo calificó el arquitecto Manuel Gallego– que se consideraba a sí mismo un “coleccionista de fracasos”, pero que dejó marcada a toda una generación de gallegos dispuestos a reconocer sus mérios personales, más allá de sus éxitos profesionales, que, sin duda, también fueron muchos.
Díaz Pardo tenía a Galicia como gran referente, pero su gran preocupación, y así se puso también de manifiesto durante el homenaje, se centró en reclamar “la dignidad del hombre”; una dignidad que traspasaba fronteras e ideologías, porque Díaz Pardo era una persona “comprometida con las causas justas” y con un profundo sentido “ético y estético”, puntualizó Gallego.
Es por eso que su actividad empresarial estuvo orientada a “satisfacer necesidades”, más que a poner en valor intereses particulares o materiales que nada tenían que ver con su forma de entender la vida, que se convirtió en un “compromiso con la sociedad, con el país y con el arte”.
Este “maestro de tantas cosas” –como lo calificó Andrés Fernández-Albalat Lois, también arquitecto– iba para pintor –a los 23 años expuso en A Coruña– y de hecho está considerado “uno de los mejores pintores figurativos de Galicia en el siglo XX”. Su imagen pintando “parece olvidada”, “sin importancia”, sin embargo, “no se entenderían sus obras sin su raíz en el mundo del arte; en la pintura”, añadió el arquitecto.
A todos los calificativos lanzados para definir a Díaz Pardo hay que añadir el de “disciplinado”, que apuntó el presidente del Padroado do Museo do Pobo Galego, Xusto Beramendi, quien glosó su vinculación con la entidad de la que también fue presidente durante ocho años, pero sin imposiciones y “haciendo siempre lo que decía la colectividad, coincidiese o no su decisión con la del colectivo”.
Consciente del gusto por lo sencillo del homenajeado, Beramendi justificó el acto a una persona poco amiga de las pompas fúnebres, porque se trata de una “despedida acorde con su grandeza”; la grandeza de un hombre “menudo de corpo, pero que non cabe na nosa Galicia”, había apuntado Fernández-Albalat.
De “hombre escepcional” lo calificó el presidente del Consello da Cultura Galega, Ramón Villares, quien, en más de una ocasión, ya mostró especial reconocimiento a la trayectoria vital y profesional del difunto. Villares recordó que Isaac “fue de aquellos que poseen una idea fuerte que guía sus vidas” y que su intención fue “dotar a Galicia de un mundo más próspero”. También subrayó que “su biografía carece de tiempos muertos”, y que nunca “aceptó la versión de los ganadores de la guerra civil”, por eso, lo suyo fue “crear un futuro con memoria”, y utilizar la “memoria como un hilo que cose toda su vida”.
A las intervenciones de Xavier Seoane –“creo que lo vamos a echar mucho en falta”, dijo– y de Luz Pozo –quien leyó un poema dedicado al artista– hay que sumar la de su hijo, José Díaz, quien, en nombre de su familia, agradeció, también a la Xunta, las muestras de apoyo y afecto tras el fallecimiento de su padre, “que recuerdan la enorme dimensión de su figura”, y añadió que “la manera de trascender su obra es mantenerla unida”.