El Papa Benedicto XVI concede condecoración a dos emigrantes españoles

| 20 de junio de 2012, 12:18
Jesús Paz.

Arancha Jiménez Moreno y Jesús Paz Fraga, dos emigrantes españoles residentes en Colonia y Bonn, acaban de recibir una carta del Vaticano comunicándoles la concesión, por el Papa Benedicto XVI,  de la 'Cruz Pro Eclessia et Pontífice', la más alta condecoración que la Iglesia Católica concede a personas laicas. Según el director de la Misión Católica de lengua española de Colonia y Bonn, Juan María García Latorre, “es sin duda un honor bien merecido, a juicio de quienes conocen bien su extensa labor en nuestra comunidad”, pero sería también “un honor para nuestra Misión”, señala, por facilitar los espacios adecuados para que ambos “pudieran desarrollar sus cualidades y su compromiso de servicio voluntario a la comunidad”.
Los Consejos Pastorales de Colonia y Bonn fueron los que, en reconocimiento a su trabajo desinteresado, solicitaron para ellos la mencionada Cruz, que está previsto que les sea entregada el domingo 1 de julio de 2012, en la iglesia St. Winfried de esa ciudad, en el marco de la fiesta parroquial y misa hispano-alemana-filipina que se celebrará ese día, a las 10.00 h. de la mañana.

Un honor compartido
Arancha Jiménez es hija de emigrantes andaluces procedentes de la provincia de Málaga. En 1973, cuando tenía seis años, vino con su madre y sus dos hermanas a Colonia para reunirse con su padre, que ya trabajaba en Alemania desde 1969. Cuenta que al principio no tuvieron un contacto intensivo con la Misión Católica, porque vivían en la zona norte de Colonia y a los padres les era complicado desplazarse, pero ya con 16 años, “mis hermanas y yo conseguimos que nos llevasen un día a la discoteca de la Misión, que organizaba entonces el padre Fernando, y allí conocí al que hoy es mi marido”, recuerda Arancha. Ese habría sido el móvil por el que, al principio, se implicó en el trabajo voluntario en la Misión, pero no el único.
Sobre la distinción honorífica, dice que fue una inesperada sorpresa. Al leer la carta con la comunicación papal sintió “una gran alegría”, y también agradecimiento hacia los que solicitaron para ella ese reconocimiento, pero al mismo tiempo se preguntaba “¿porqué yo?, hay tantas personas que se lo merecen”, un pensamiento que le hace sentirse “un poco incómoda” frente a tantos que trabajan desde el voluntariado sin recibir ni esperar ningún título honorífico.
Arancha Jiménez tiene dos hijos, de 22 y 19 años, es educadora de profesión y trabaja en una escuela primaria en Colonia. Desde hace doce años prepara como catequista a los niños y niñas para la Primera Comunión, es miembro del Consejo Pastoral, colabora en la organización de fiestas y eventos de la Misión y “en todo lo que haga falta”, dice.

El único gallego condecorado del Arzobispado
Jesús Paz Fraga es natural de San Vicente de Niveiro, un pueblo de la provincia de A Coruña. Con dieciocho años emigró a Suiza, donde vivió hasta que en el año 1975 se trasladó a Alemania, donde le esperaba su novia Rosalía, a la que había conocido en su pueblo en Galicia, pues eran casi vecinos. Se casaron y tuvieron dos hijas, que hoy tienen 30 y 22 años. Pronto encontró trabajo en la empresa Klöckner-Moeller, en la que trabajó hasta 2004, momento en el que por una reestructuración de la empresa perdió el empleo, aunque encontró otras ocupaciones y sigue trabajando “hasta que me den el retiro”, dice.
El coruñés tomó contacto con la Misión Católica de Bonn hace 25 años. Se sintió bien en ese lugar de encuentro donde, además de poder vivir la fe heredada de sus padres, descubrió que podía ayudar a otros emigrantes informándoles de cosas que no sabían. “Desde entonces, y ya son muchos años, Jesús ha estado unido a esta Misión asumiendo importantes responsabilidades”, dice el párroco. El gallego forma parte del coro de la Misión desde hace 12 años, es miembro del Consejo Pastoral y dirige los grupos que preparan el café para las tertulias de los domingos, después de la misa. Paz, que tiene ahora sesenta años, es voluntario por vocación. Durante 15 años formó parte de las Asociaciones de Padres de Familia de Bonn, de la que cuatro fue presidente. La distinción honorífica del Vaticano dice que fue una gran sorpresa para él, pues “nunca esperaba tal reconocimiento por una labor voluntaria”, una labor con la que confiesa que él mismo aprendió mucho y que, además, le da muchas satisfacciones.
Juan María García le define como “una persona siempre dispuesta a ayudar a todos”, sin distinción de condición ni procedencia, el “alma mater” de la comunidad de lengua española de Bonn, una comunidad que cuenta ya con unos seis mil miembros, dos tercios de ellos latinoamericanos.
En toda la historia del Arzobispado de Colonia-Bonn, es la primera vez que un gallego recibe esta condecoración papal. Él y Arancha Jiménez también son los únicos españoles que reciben este año esa distinción.

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