Los galardonados ponen el énfasis en la esperanza para vencer los males del mundo

| 24 de octubre de 2016, 13:03

Tras el saludo del alcalde de Oviedo, Wenceslao López, y del presidente de la Fundación, Matías Rodríguez Inciarte, don Felipe y doña Litizia, así como la reina hemérita, doña Sofía, entraron en el Teatro Campoamor de la capital asturiana, donde les esperaban en el hall la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor; el ministro de Cultura en funciones, Íñigo Menéndez de Vigo; y la directora de la Fundación, Teresa Sanjurjo.
También se encontraba allí el presidente de Asturias, Javier Fernández, quien estos días está adquiriendo especial protagonismo al ejercer de presidente de la Comisión Gestora socialista, una vez destituido el secretario general, Pedro Sánchez.
Fernández también saludó a los monarcas y, en calidad de máxima autoridad del Principado, compartió con ellos la mesa presidencial.
El primero en tomar la palabra fue el Premio de las Letras, el norteamericano Richard Ford, quien se refirió a la situación política de su país, Estados Unidos, y pidió rescatar el valor de la palabra ‘política’ para que no acabe siendo un sinónimo de “egoísmo, cinismo, engaño y despropósito”, como en su país.
Por su parte, Mary Beard reivindicó la importancia de conocer la Historia para ser capaz de “pensar de forma histórica”, ya que, en su opinión, no serlo hace que “seamos todos ciudadanos empobrecidos”.
La galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Artes, Nuria Espert, brilló en su intervención gracias a sus dotes interpretativas, que hizo que la ovacionaran. Y se lo dedicó al “dueño y señor” de su vida, el teatro, que era el que había recibido el premio, y no ella, dijo. Espert terminó su discurso utilizando la lengua catalana con un monólogo del ‘Rey Lear’ de William Shakespeare.
Patricia Espinosa, que recogía el premio en nombre de Laurent Fabius, volvió a abogar por la necesidad de seguir por la senda marcada en la firma de un acuerdo de París que deberá garantizar el mundo, tal y como lo conocimos, a las futuras generaciones. 
Tras escuchar a los premiados y después de que recogieran sus premios, el Rey de España procedió a pronunciar su discurso, en el que se ocupó de reivindicar la razón de ser de los Premios Princesa de Asturias, que nacieron “como un sentido acto de afirmación cívica de la cultura frente a la ignorancia”, dijo, y también por un “amor profundo a Asturias y a toda España”, sentenció.

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