LA MUESTRA ESTARÁ EN EL NATIONAL MUSEUM OF WESTERN ART HASTA EL 5 DE ENERO DE 2014

Rajoy inaugura en Tokio una muestra sobre los cuatro pintores más significativos del informalismo español

| 3 de octubre de 2013, 11:54
De izda. a dcha., Akiko Mabuchi, un representante de la Embajada española; Mariano Rajoy, Manuel Borja-Villel; Teresa Lizaranzu, Masanori Aoyagi, Elvira Marco y un representante del diario ‘Yomiuri’.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha inaugurado en Tokio este miércoles, día 2, la exposición ‘Dentro y fuera. Las dos caras del Informalismo español en la Colección del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía’, que ha organizado el Museo Reina Sofía y Acción Cultural Española (AC/E) con motivo del Año Dual España-Japón para conmemorar el 400 aniversario del establecimiento de relaciones bilaterales entre ambos países.

En su discurso, el presidente del Gobierno ha expresado su confianza en que eventos como esta exposición contribuyan a crear nuevos puentes de comunicación entre España y Japón y permitan una mejor comprensión de la realidad de ambos países.

El presidente ha estado acompañado por la directora general del National Museum Of Western Art (NMWA), Akiko Mabuchi; el director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Manuel Borja-Villel; la presidenta y la directora general de Acción Cultural Española (AC/E), Teresa Lizaranzu y Elvira Marco, respectivamente; y el conservador del Museo, Yusuke Kawase.

Con motivo de la inauguración del Año Dual España-Japón, el Museo Reina Sofía y Acción Cultural Española (AC/E) organizan esta exposición que podrá visitarse en el National Museum of Western Art de Tokio entre el 3 de octubre y el 5 de enero de 2014 y en el Nagasaki Prefectural Art Museum desde el 17 de enero hasta el 9 de marzo de 2014.

El Año Dual España-Japón, que se celebra entre junio de 2013 y julio de 2014, conmemora el 400 aniversario del establecimiento de relaciones bilaterales entre ambos países tras la llegada a España, en 1614, de la primera delegación diplomática nipona, conocida como la Embajada Keicho. Con este motivo, AC/E ha organizado diversos proyectos para dar a conocer a los japoneses la pujanza de los creadores españoles más contemporáneos e impulsar el entendimiento mutuo y abrir nuevos horizontes de colaboración.

Uno de estos proyectos es esta muestra que recoge 14 pinturas de cuatro de los artistas más significativos del Informalismo español: Antonio Saura (Huesca, 1930), Antoni Tàpies (Barcelona 1923), José Guerrero (Granada, 1914) y Esteban Vicente (Turégano, 1903). Esta corriente destaca tanto por su significación histórica como por la importancia que supone en su época para la recuperación del espíritu de vanguardia dentro del arte español.

 

Nuevos campos de experimentación

Esta generación de artistas, marcada por la experiencia de la guerra civil española, cuestiona de forma radical los principios estéticos de la cultura occidental y su sistema tradicional de representación, integrándose en esta nueva corriente informalista que se extiende con celeridad por toda Europa.

La obra de estos creadores reivindica un nuevo campo de experimentación para la pintura, en el que se rechaza el lenguaje icónico, para dar prioridad al gesto, la materia, lo táctil, la huella del cuerpo humano.

La exposición contrapone la obra que se realizó dentro y fuera del país. En la península trabajan Antonio Saura, en Madrid, y Antoni Tàpies, en Barcelona, mientras que José Guerrero y Esteban Vicente se trasladan a Estados Unidos, donde trabajan en el contexto de la Escuela de Nueva York.

La obra de todos ellos participa de un mismo lenguaje, la necesidad de encontrar una nueva forma de expresión, en la que se elimina cualquier referencia al mundo real y a la tradicional concepción del cuadro concebido como ventana. Su pintura, que subraya la disolución de la forma y la composición, simboliza asimismo en ambos casos, la nueva posición ética y estética de la vanguardia después de la quiebra que suponen las sucesivas guerras española y mundial.

 

Dos vertientes pictóricas

Sin embargo, las obras que componen esta exposición ejemplifican claramente los dos distintos modos de hacer de estos cuatro creadores.

Saura y Tàpies encarnan la elaboración de esta pintura informal, que constituye la corriente dominante en el panorama plástico español en la década de los sesenta. Pintura gestual, efectuada de forma instintiva y espontánea, que encuentra sus raíces en métodos utilizados por el surrealismo, por parte de Saura, y pintura matérica, opaca y física, protagonizada por la densidad de empastes que crean un soporte convertido en muro, por parte de Tàpies, conforman dos posiciones, que se nutren de las mismas referencias, la profunda reflexión sobre la propia esencia hispánica en la vertiente asociada a la España Negra, que culmina en la trágica historia de la España contemporánea.

Fuera del ámbito peninsular trabajan Guerrero y Vicente en el contexto del expresionismo abstracto norteamericano, que reivindica el énfasis en los principios visuales de la pintura y en el trabajo sobre su propio medio: el color y la bidimensionalidad del lienzo.

La afirmación de una experiencia visual libre de cualquier condicionamiento material o social, marca la obra de Guerrero y Vicente, en la que el sentido plástico del gesto pictórico y la expresividad en Guerrero y el trabajo de la luz y el color hasta su máxima depuración en Vicente, suponen una pintura personal e independiente en el ámbito norteamericano, cuya característica común es la alusión a la tradición cultural y pictórica española. José Guerrero retorna a España en 1965, mientras que Esteban Vicente permanece en Estados Unidos toda su vida.

La pintura de Guerrero y Vicente se asocia a un lenguaje abstracto que da cabida a sus aspiraciones de absoluta autonomía y libertad creativa, cuya renuncia de la representación subraya el trabajo del color, de su expresividad y de la luz que proporciona.

La obra de Saura y Tàpies, es introspectiva, asociada a la reflexión sobre las raíces éticas de la libertad individual y ofrece rasgos gestuales y matéricos, resueltos mediante un cromatismo restringido a blancos, negros y tierras.

Esta mutación de la abstracción que confiere una identidad distintiva al Informalismo, en su rechazo de la imagen y de la pintura tradicional, ofrece por tanto múltiples dicciones, en cada una de las individualidades que integran esta corriente.

Una es la vertiente más pictórica que ofrecen los creadores residentes en Estados Unidos, basada en el trabajo del color, que mediante el uso de las nuevas técnicas, chorreados y goteos, manipulados por palos y pinceles, ofrecen un nuevo campo de experimentación plástica abierto al gesto instintivo y espontáneo.

Y otra es la vertiente más introspectiva asociada al españolismo crítico y al impulso regeneracionista al que se adscriben los artistas españoles frente a la desolada realidad cultural del momento.

Estos creadores participan del análisis derivado de los medios filosóficos y literarios en relación con la reinterpretación de la Generación del 98 y el llamado problema de España, cuya interpretación plástica, desarrolla, a través del gesto, la grafía y la materia, su propio discurso.

Estos dos modos de hacer dentro y fuera de España, proyectan la luz y la sombra que identifican las dos caras del Informalismo español.

 

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