Exponer en Francia, una oportunidad para conocer de cerca a la diáspora
“Si no dicen lo que sientes, los cuadros se quedan fríos”. Es por eso que a Eva Maqueda le ha llegado el momento de poner sobre lienzo una etapa de su vida que la ha dejado marcada: la emigración de sus padres a Francia. El acontecimiento que vivió de niña aflora tímidamente en la madurez para dejar paso a una reflexión más profunda sobre aquella otra emigración, más dura y triste si cabe, que embarcó a algunos de sus antepasados rumbo a América en las primeras décadas del siglo pasado.
La expresión de aquellos rostros que ella pinta melancólicos bien podría ser la de su infancia, pero de eso ha pasado ya tiempo y a juzgar por su clara sonrisa y la felicidad que irradia, la lacra de la emigración, que la pudo llenar de nostalgia en la niñez, no la ha herido de muerte. Al contrario, se podría pensar que es el trampolín que la ha impulsado para aceptar con naturalidad su condición de emigrada. Tal vez fruto de esa circunstancia aceptó de buen grado la propuesta para exponer en París, en la ‘Casa de España’. Fue en 1994 y la iniciativa, subvencionada por el Ayuntamiento de Alcorcón, le dio la oportunidad de conocer a muchos españoles que vivían emigrados en la ciudad del Sena. “Ellos me abrieron todo un mundo de conocimientos sobre el tema de la emigración y tuve la oportunidad de conocer a gente de gran valor humano”, dice.
Esta primera exposición no sería más que el comienzo de su contacto con la ‘Colonia Española’ de Béziers, con la que colabora desde 1996. Su participación en reencuentros francoespañoles, así como en el 110º y 120º aniversario de la fundación de la ‘Colonia’ le puso al alcance de la mano un escaparate en el que mostrar sus creaciones: el ‘Espace Riquet’ –museo de la villa de Béziers– que albergó sus cuadros relacionados con personajes de la emigración, como ‘La carrera’ o ‘La vendimia’, donde intenta representar el espíritu de los vendimiadores del sur de Francia.
Son personajes que “aparecen en monocromo, sobre un fondo de color naranja, como si fueran transparentes”, comenta. Con ello quiere representar el paso del tiempo; del tiempo que ha pasado por unos personajes, inspirados en familiares, que hoy ya son historia, su propia historia.
La expresión de aquellos rostros que ella pinta melancólicos bien podría ser la de su infancia, pero de eso ha pasado ya tiempo y a juzgar por su clara sonrisa y la felicidad que irradia, la lacra de la emigración, que la pudo llenar de nostalgia en la niñez, no la ha herido de muerte. Al contrario, se podría pensar que es el trampolín que la ha impulsado para aceptar con naturalidad su condición de emigrada. Tal vez fruto de esa circunstancia aceptó de buen grado la propuesta para exponer en París, en la ‘Casa de España’. Fue en 1994 y la iniciativa, subvencionada por el Ayuntamiento de Alcorcón, le dio la oportunidad de conocer a muchos españoles que vivían emigrados en la ciudad del Sena. “Ellos me abrieron todo un mundo de conocimientos sobre el tema de la emigración y tuve la oportunidad de conocer a gente de gran valor humano”, dice.
Esta primera exposición no sería más que el comienzo de su contacto con la ‘Colonia Española’ de Béziers, con la que colabora desde 1996. Su participación en reencuentros francoespañoles, así como en el 110º y 120º aniversario de la fundación de la ‘Colonia’ le puso al alcance de la mano un escaparate en el que mostrar sus creaciones: el ‘Espace Riquet’ –museo de la villa de Béziers– que albergó sus cuadros relacionados con personajes de la emigración, como ‘La carrera’ o ‘La vendimia’, donde intenta representar el espíritu de los vendimiadores del sur de Francia.
Son personajes que “aparecen en monocromo, sobre un fondo de color naranja, como si fueran transparentes”, comenta. Con ello quiere representar el paso del tiempo; del tiempo que ha pasado por unos personajes, inspirados en familiares, que hoy ya son historia, su propia historia.