Opinión

Venezuela y Cataluña

Xurxo Martiz | 20 de noviembre de 2017

Que Venezuela, su gobierno, apoye el proceso de consulta en Cataluña y la posterior declaración de independencia no debería ser una sorpresa para nadie. No es sólo que el Gobierno Bolivariano sea un gobierno progresista, sino que el mismo pueblo venezolano que lo sustenta en las urnas tiene un concepto muy elevado de la palabra libertad y una cultura política muy superior a la de cualquier ciudadano español de a pie.

El escritor inglés Paul Mason en ‘The Guardian’ hacía un paralelismo entre la cultura política de los hombres y mujeres de la calle actuales y la muy superior de la clase trabajadora rusa de la época de la revolución. Para Mason lo que deberíamos promover, al tiempo que volvemos a luchar las batallas del siglo XX, es la educación histórica.  “Mientras se desarrollaban los acontecimientos de 1917, muchos trabajadores de clase obrera rusa fueron capaces de entender los paralelismos con la Revolución Francesa. Un siglo después, nuestra ignorancia nos puede llevar a la ruina”.

Por eso no deja de ser un exabrupto que después de las elecciones a gobernadores en Venezuela y el descalabro de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y la posterior espantada de sus líderes, venga el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación del Estado español, Alfonso Dastis Quecedo, a declarar que “España quiere una salida (del Gobierno Bolivariano) pacífica, democrática y negociada por los propios venezolanos, con el fin de que se recupere el orden”. 

La “recuperación del orden” no es otra que la asunción del poder por un gobierno títere de Estados Unidos y la Unión Europea (UE) que probablemente y vergonzosamente no sólo acataría los dictados económicos de los poderosos bloques contra su propio pueblo, sino que haciendo alarde de desconocimiento de la historia se pondría del lado del Estado español ante el referéndum por la independencia catalán.

El gobierno venezolano, su pueblo y el pueblo ruso de 1917 tienen muchas lecciones que dar al aborregado pueblo occidental actual, pendiente del fútbol, de los cruceros y de ‘Primark’ (‘Zara’ también participa)... y así, con esa gente, es muy dificil hacer cualquier revolución o pensar diferente, porque ser diferente es ser existente.

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