Opinión

Mario Conde

Xurxo Martiz | 18 de abril de 2016

Nada representa mejor a España que Mario Antonio Conde Conde (Mario Conde). Su estética, sus títulos, su (des)prestigio, su manera de pontificar, su puesta en escena, sus dotes, sus lecciones… ‘su’ dinero y su impunidad.
También él tiene una ‘empresa’ familiar en la que sus hijos, con no sé cuántas maestrías en el extranjero, ‘transportaban’, camuflaban y lavaban el dinero de otro atraco. Bajo los trabajadores de la empresa cosmética que servía de tapadera para ‘reciclar’ el dinero, a los que se les decía que la “cosa iba mal” y a los que no se les podía pagar su salario. Lo más probable es que terminen despedidos y cobrando del Estado español (Fondo de Garantía Salarial) tanto sus salarios como su indemnización.
Este hombre que reinó y pudo reinar era gran amigo del rey Juan Carlos I. Daba clases de ética y moral en un canal llamado ‘Intereconomía’. Practicó un acento gallego burlesco y una puesta en escena de predicador cuando pretendió ser presidente de la Xunta de Galicia con un partido del que ya nadie se acuerda.
En estos momentos está preso… pero por poco tiempo. Una vez que deje de ser noticia por esto, volverá a ser noticia por otra cosa. Tendrá otra vez la gomina reluciente en su canal de televisión preferido y seguirá pontificando, acusando de que todo es un complot contra él por las verdades que dice.
En el medio del camino, la tristeza de saber que, aún con todo esto, miles de españoles le votarían si se presentase a algo, a lo que fuese. Es horroroso saber y constatar que este es un país de pícaros, que es la forma cariñosa de llamar ladrones a los que lo son. Pero que esos ‘pícaros’ no roban a otro ladrón… sino a los tontos e ignorantes que más adelante les dan su voto.
Algún ingenuo dirá que el sistema funciona porque Mario Antonio Conde Conde está preso… pero la verdad es que nunca debió estar libre, y ahí es donde falla el sistema. 

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