Opinión

Escribo un día antes del referendo que decidirá la permanencia o no de Gran Bretaña en la Unión Europea. Estoy seguro que ganará el sí y que Gran Bretaña permanecerá “junta”, pero no “revuelta”, a la Unión Europea.
Si yo fuese un votante británico, después de escuchar todos los alegatos por la permanencia en la UE, votaría, sin dudarlo un momento, por salirme y no volver más.
La machacona retahíla de términos económicos, la insistencia en los beneficios (económicos por cierto) de la permanencia, la dictadura del discurso del miedo a vivir un poco peor... ¿es qué no hay nada más que eso para la permanencia de la Gran Bretaña en la Unión Europea?
Lo que nació como un pacto comercial entre países europeos para la venta de carbón y acero, con el paso de las décadas y el perfeccionamiento en la falacia y el discurso barato, se ha convertido en nada... sigue siendo un pacto para vender y comprar mercancías y que éstas circulen por todas partes.
No hay nada más allá. Las políticas comunes hacia los refugiados que nosotros mismos creamos nos recuerdan una y otra vez que la Unión Europea no es una patria, sino un negocio, y que lo que no se pueda comprar (como es el caso de Turquía por parte de la UE) o vender, está fuera de las políticas y necesidades urgentes de sus gobiernos.
Por eso no hay nada más europeo, entendido en el buen sentido de la palabra, que ser euroescéptico. Cerrar la puerta con un portazo y dejarles el negocio a ellos.... para hacer negocios hay ‘socios’ más interesantes.
Pero los ingleses votarán por la permanencia... porque en el fondo no tan fondo... ellos también prefieren que esto sea un negocio, poder arrugarse en la Costa del Sol, viajar barato y tener mano de obra barata en el sur de Europa.

Más acciones:

Crónicas de la Emigración en la red

Boletín de noticias

Si quiere recibir información actualizada de Crónicas de la Emigración, envíenos su correo electrónico.
Suscribirse al boletín

Hemeroteca