Opinión

Financiados por el demonio (I)

Xurxo Martiz | 23 de febrero de 2015

Entre 1976 y 1977 Felipe González Márquez era un ‘caraqueño’ que podía ser visto en el hotel ‘Selva Negra’ de la Colonia Tovar o en casa de cualquiera de los políticos adecos que por aquellos tiempos gobernaban en la ‘Venezuela Saudita’ de Carlos Andrés Pérez Rodríguez (CAP). Probablemente este fue el ‘puente’ que usaron los alemanes del famoso ‘Caso Flick’ para financiar al PSOE español sin rendir cuentas.
Desconozco cuánto dinero costó el exitoso proyecto Felipe González-PSOE a las arcas públicas venezolanas o a otras arcas públicas o privadas... pero seguro que mucho más que los 400.000 euros que cobró el profesor Juan Carlos Monedero Fernández por trabajos de asesoramiento.
El Partido Popular (PP), partido que se financia de manera ‘muy eficiente’, administrado por tesoreros imputados por múltiples delitos, es uno de los principales financistas de fundaciones-tapadera que buscan el acceso al poder mediante la desestabilización y el sabotaje en Venezuela. La propia fundación del PP, la FAES (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales), realiza actos con lo más ‘selecto’ de la oposición política venezolana, especialmente con María Corina Machado Parisca, que califica los cientos de miles de dólares que recibía de la estadounidense NED (Fundación Nacional para la Democracia, por sus siglas en inglés) –otra tapadera de la CIA– como “cooperación internacional”, mientras que la cara amable y pacífica de la oposición venezolana la ponen políticos retirados como Eduardo Fernández Jiménez (El Tigre), financiado por el Partido Popular (PP) español en su Fundación Pensamiento y Acción y a sueldo de los conservadores en la Fundación Popular Iberoamericana.
La ‘cooperación internacional’ de la oposición venezolana se transforma en ‘financiación para desestabilizar’ cuando quienes la reciben son particulares o partidos que se presentan a elecciones sin planes desestabilizadores previos económicos o políticos.
Pensemos en la cantidad de ‘movimientos desestabilizadores antisistema’ financiados por Irán, Corea del Norte o Venezuela (por elegir tres clásicos ‘malignos’) y comparémoslos con los financiados por Europa y Estados Unidos. Salvador Allende Gossens, una víctima de esa ‘cooperación internacional’, es la prueba del ejercicio de cinismo que significa señalar como ‘financiados por regímenes totalitarios’ países que sufrieron en sus carnes la ‘cooperación internacional’.

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