Opinión

España: victoria nerudiana

Xurxo Martiz | 04 de mayo de 2015

Ya lo advirtió hace poco Pablo Iglesias Turión, líder de Podemos, lo más probable es que en España en lugar de cambio haya recambio, es decir: el mismo perro con distinto collar. Nada extraño si analizamos bien la composición de la sociedad española. Si bien el número de desempleados es alto, también es alto el número de personas que, trabajando o sin trabajar, ingresa todos los meses dinero, unos mucho y otros mucho menos. No hay más que salir a la calle para darse cuenta de que es verdad que hay necesidad, pero la ‘ociosidad’ triplica esa necesidad. Y esa ‘ociosidad’ no corresponde a los desempleados, sino a la industria del ocio; bares, restaurantes, cafeterías llenan la vida de gran parte de la población española de todas las edades. El bienestar material que nubla la vista y seda la necesidad de cambio llegó al Estado español hace poco. Lo lleva practicando de los Pirineos para arriba la mayor parte de Europa, que es un buen ejemplo del camino que puede seguir la sociedad española si la comparamos con la europea.
Cuando el centro del universo eras tú, como el caso del piloto alemán de ‘Germanwings’, poco se puede aspirar en el terreno de la solidaridad o de la transformación. Si creemos que algo está bien… ¿para qué cambiarlo? Vacaciones, automóviles, universidades, electrónica, ropa, viajes al extranjero, casas en el campo, nunca antes han vivido tan bien los españoles como ahora.
Pero ese bienestar, igual que una comilona, da sueño y no permite distinguir ni desear nada distinto a esta pobre realidad que tenemos. Estamos vendidos. Los que nos gobiernan tomaron la medida a gran parte de la ciudadanía y saben cómo darlo o prometerlo. Por eso veo muy lejana la victoria de organizaciones antisistema dentro de este sistema. Por eso aquellos que quieren ver cambios tienen que cruzar el Atlántico, porque el modelo de sociedad que nos quieren vender, de compradores y turistas eternos, está en Gran Bretaña y en gran parte de Europa, cada vez más arraigado en el tuétano del europeo y así lo único que podemos hacer es ponernos gordos.
De ahí esa defensa de la “gente normal” de Mariano Rajoy Brey en las antípodas de los “más sencillos” de Pablo Neruda, aquellos a los que el poeta chileno prometió la victoria, aunque ellos no lo creyesen.
Espero esa victoria nerudiana todos los días.

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