Opinión

Emigración ‘libre de cargas’

Xurxo Martiz | 23 de marzo de 2015

Día sí, día no, los representantes de los dos partidos con más votos del Estado español arremeten contra la propia Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) que ellos mismos pactaron, propusieron y aprobaron. Día sí, día no, prometen hacer todo lo que esté a su alcance para la eliminación del voto rogado, fórmula por la que se exige que todo ciudadano español residente en el extranjero que quiera votar tiene que pedir (rogar) el voto.
La eliminación del voto para los ciudadanos residentes en el exterior tiene casi la misma cantidad de argumentos a su favor que en su contra. Nótese que digo ciudadanos residentes en el exterior y no emigrantes, que son minoría por mucho que miles de jóvenes se hayan marchado a Europa. Falta ánimo y a veces inteligencia entre los que tienen responsabilidades de gobierno o políticas para cambiar muchas cosas. Cualquier país del llamado “entorno” posee una ley de ciudadanía o lleva décadas con una de extranjería. Nuestros sucesivos gobiernos han entendido el “progreso” como un cambio de empaque: autopistas, trenes de alta velocidad, palacios de congresos-exposiciones, aeropuertos…, pero la vida de las personas está muchas veces machacada por reglamentos ministeriales y decretos ley de dudosa y nefasta aplicabilidad.
Nos peleamos por la eliminación del voto rogado cuando desde la llegada de Mariano Rajoy Brey al Gobierno se obliga a los españoles del extranjero que se trasladen a vivir a España a tener ingresos suficientes para que sus familias puedan residir con ellos. Leí en varias ocasiones las cartas enviadas por la Subdelegación del Gobierno a estos españoles, en las que pedían un permiso para su cónyuge, que debían demostrar que el español tenía medios suficientes para que su familia no fuese una ‘carga’ para el Estado español.
Cargas para el Estado son la larga lista de infraestructuras faraónicas y los privilegios de determinadas clases en detrimento de una mayoría social que una vez tuvo que emigrar para no ser una carga y ahora, de regreso, se le exige que venga “libre de cargas”.

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