Opinión

La cumbre del foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC por sus siglas en inglés) celebrada la semana pasada en Beijing, supuso para el país anfitrión, China, el marco de ceremonia ideal para materializar su visión sobre el mundo global para el siglo XXI.
El presidente chino Xi Jinping habló en la inauguración del ‘sueño chino’ en Asia-Pacífico. Sabía a quién tenía en frente: los presidentes de Estados Unidos de América, Barack Obama; de Rusia, Vladimir Putin; el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, y otros 19 altos mandatarios de países emergentes como Chile, México, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Filipinas y Perú, entre otros.
El énfasis en la cooperación ‘armónica’ a través del foro APEC tiene una variable estratégica: la visión china de colocar a Asia-Pacífico como el epicentro del poder global del siglo XXI, con China como eje vertebrador. El mensaje de Xi Jinping pareció calar en las otras superpotencias, principalmente EE UU y Rusia, con un nivel de tensión bilatereal por la crisis ucraniana. Pero también hacia Japón, cuyas pretensiones por retornar con fuerza en la arena internacional (principalmente en su sector militar) es un factor que inquieta a Beijing.
Más allá de la fastuosidad de la organización, que evidenció los valores tradicionales y modernos de China, el mundo debe observar con atención todo lo relativo a la APEC. Es evidente que se está operando un cambio estratégico de poder en el mundo para las próximas décadas, de Occidente a Oriente, de EE UU a China, del Atlántico al Pacífico. Y aquí puede que radique la esencia del ‘sueño chino’ de Xi Jinping.

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