Opinión

Un nuevo mapamundi

Roberto Mansilla Blanco | 09 de septiembre de 2013

La semana pasada se celebraron en San Petersburgo dos cumbres paralelas. Una fue un encuentro informal de los líderes del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), realizada simultáneamente a la Cumbre del G-20, las grandes potencias mundiales entre países desarrollados y en desarrollo, a la cual pertenecen igualmente los miembros del BRICS.
Un poco más lejos, el presidente chino Xi Jinping iniciaba una gira por Asia Central como marco de preparación de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), mecanismo de integración de China y Rusia en Asia Central creado casi simultáneamente a los BRICS, en 2001. Días antes, Xi Jinping inauguró la cumbre entre China y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), focalizando un acuerdo estratégico de cooperación para la próxima década.
BRICS y OCS, ambas lideradas por China y Rusia, parecen erigirse en los eventuales polos de contrapeso a la hegemonía occidental liderada por EE UU, y traducida en organismos como el G-8 (que ya está incluido en el G-20), la OCDE o la OTAN en el plano militar. La geopolítica del poder global está cambiando hacia Asia y allí China es el epicentro de los cambios y las transformaciones globales.
Por tomar un ejemplo: China ya desplazó a Europa como principal socio comercial y de inversiones en Asia Central. Los BRICS son considerados por el Banco Mundial como la locomotora del crecimiento económico mundial, ocupando un 50% del peso económico global en las últimas dos décadas. La eventual alianza China-ASEAN es un contrapeso claro a la Asociación Trans-Pacífica que el presidente estadounidense Barack Obama impulsó desde 2011, con la obvia pretensión por contener el ascenso de China en Asia-Pacífico.
No obstante, pueden existir fisuras, eventualmente si la concreción de un hipotético eje entre China y Rusia no logra avanzar con fluidez. También es importante observar que otras economías emergentes (México, Turquía, Indonesia, etc.) recelan del eventual dominio chino. Igualmente, Brasil, India y Sudáfrica buscan definir su peso global precisamente dentro del marco de los BRICS o también del IBSA (India, Brasil, Sudáfrica), pero sin la capacidad ni autonomía que pueden tener China y Rusia, incluso ambos por separado.
El G-20 puede estar preocupado por la crisis económica mundial o la vergonzosa guerra de Siria. Pero el trasfondo de todo esto es que el mapamundi del poder global está comenzando a mover su péndulo. China ya aprieta con fuerza, aunque para nadie es un secreto que su eventual hegemonía está repleta de incertidumbres e inquietudes sobre su capacidad real para dirigir el mundo del siglo XXI.

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