Opinión

Catalunya

Roberto Mansilla Blanco | 21 de septiembre de 2012

Causa zozobra en el Estado español el reciente pulso independentista catalán. La celebración de la Diada o Día Nacional de Catalunya el pasado 11 de septiembre (fecha de por sí histórica por diversos y trágicos acontecimientos) provocó una multitudinaria manifestación popular a favor de la independencia o, en todo caso, de una nueva relación entre Catalunya y España.
Las instituciones oficiales y la mayor parte de la prensa española siempre han manifestado un rechazo profundo hacia las manifestaciones autonomistas, secesionistas e independentistas. Por el contrario, las elites catalanas trabajan con noción de país (catalán, obviamente) pero muchas veces manejan equilibrios complejos con respecto a su relación con España.
No obstante, la coyuntura de crisis y recesión económica está asestando tensiones en los denominados “nacionalismos periféricos”, principalmente el catalán y vasco. La fiesta de la Diada no fue única y exclusivamente una reivindicación de fuerzas políticas sino una manifestación popular y ciudadana de un colectivo que defiende sus reivindicaciones históricas, su lengua y cultura, contra cualquier imposición exterior.
Para desacreditar, muchos medios españoles imponen la visión de que, en el centro del asunto está la intención del actual gobierno de la Generalitat catalana de reducir la presión fiscal desde Madrid. Un chantaje, dirían muchos sectores. Catalunya y Euskadi son las regiones más ricas dentro del Estado español, razón por la que la presión fiscal es mayor. Pero esa misma presión fiscal sirve, paradójicamente, de presión política desde todos los ángulos: desde los que quieren la independencia, desde los que defienden una mayor autonomía (un modelo Quebec, por ejemplo) y desde los que se afanan por preservar la “inviolabilidad” de España.
Esta historia de presiones y desconocimientos gravita seriamente bajo la peor crisis económica contemporánea, aunque las reivindicaciones catalanas siempre estuvieran presentes, con mayor o menor intensidad. El presidente de la Generalitat, Artur Mas, ya advirtió de un posible adelanto electoral en Catalunya para noviembre, con lo cual se presume que el tema independentista será la clave. Las otras nacionalidades históricas y periféricas, siendo estas Galicia y Euskadi, van a elecciones autonómicas el próximo 21 de octubre. Puede que la crisis, de alguna u otra forma, sirva como correa de transmisión de las reivindicaciones nacionalistas.

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