Casi todos sabemos –no sólo los periodistas y los políticos, también la mayoría de la gente– que la tecnocracia no existe, por mucho que nos digan que los tecnócratas que están sustituyendo a políticos electos en Europa son máquinas de gestionar científicamente el patrimonio de la gente. Si fueran así de asépticos, tendrían que eliminar la superflua corona, reducir el caro ejército a la mínima expresión, eliminar las subvenciones a las empresas y a la iglesia, etc. No existen porque todos sabemos que hay catedráticos y premios Nobel de Economía –de ‘perfil técnico’, como cualquier otro economista– que nunca van a ser designados por el poder financiero para ocupar el sitio de un político electo. Estos catedráticos y premios Nobel ni siquiera van a aparecer en los grandes medios explicando que hay otra ideología para gestionar. Cómo dice el catedrático de Sevilla Juan Torres, qué coincidencia que el poder financiero siempre ponga en esos puestos de usurpación a aquellos economistas que llevan veinte años emitiendo informes sobre la crisis que siempre son tumbados por la realidad, pero que benefician al poder financiero. Los que llevan veinte años acertando, silenciados. Casi todos sabemos y reflexionamos sobre lo escrito hasta esta línea, unos coléricos y otros asumiendo que los políticos que están hoy en el poder en Europa merecen ser recambiados por un mercenario económico. Lo que no pensamos tanto es que estos tecnócratas van a convertir la corrupción a gran escala –que todavía nos escandaliza a la mayoría– en ley promulgada por el Estado.
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