Opinión

La vetusta lamprea de Galicia y sus artes de pesca

Isaac Otero | 10 de abril de 2017

¿Será posible que la lamprea habite en los ríos gallegos desde hace millones y millones de años? Conocida como “la vampiresa del agua” o “la reina del río”, la lamprea es uno de los primeros vertebrados de los que hay constancia en la tierra. Vive en el planeta desde antes de que la especie humana existiese: anterior incluso a los mismos dinosaurios. Su cuerpo alargado remata en cola. Muy peculiares son sus siete pares de aberturas que parecen ojos, dispuestos a ambos lados de la cabeza. Dos aletas dorsales y una caudal le permiten remontar el río más ágilmente. Lo que es más curioso es que se alimentan de la sangre de otros peces merced a su boca circular, poblada de dientes, con la cual se agarra a sus víctimas e incluso a las piedras del río. ¿Su ciclo de vida? Discurre entre el agua dulce y la salada. Tras su nacimiento en el río, emigra al mar, donde permanece unos tres años, hasta que alcanza la madurez. Es entonces cuando recorre miles de quilómetros a través del océano para remontar el río que la vio nacer. ¿Y cómo no pensar también en la vida y grandes periplos de los salmones?
Ese viaje, empero, no les va a resultar fácil. Hallará impedimentos en el camino que le harán más dificultosa la desova: su última y enorme hazaña antes de expirar. La celebridad de este pez permanece atestiguada por numerosos historiadores. Ya en la época de la Roma imperial, los emperadores ordenaban que las llevasen vivas desde Galicia hasta Italia, para conservarlas en viveros hasta que se servían en la mesa. Tres son los ríos gallegos en que podemos encontrar lampreas: el Tambre, el Ulla y el Miño.
La fama que posee la lamprea en el ámbito internacional no sólo es atribuible a la calidad del pez, sino también a la forma artesanal de su captura. Existen diferentes sistemas entre los que conviene señalar “as pesqueiras”, “os rodeiros”, “as gamelas” o “as estacadas”. De modo que, según el arte de pesca asociada a cada uno de ellos, hablaremos de “butróns”, de “cangallas”, de “redes”, de “nasas” o de “fisgas”. Las denominadas “pesqueiras” son construcciones desde las que los pescadores capturan la lamprea empleando diferentes redes. Son muros de una piedra encajadas y sirven de sujeción. Asimismo nombradas “pescos”, aparecen documentadas ya en el siglo XI, si bien es posible que muchas se remonten a la época romana. La descubrimos en el río Miño, a lo largo de los ‘concellos’ de Crecente, Arbo –donde se celebra desde hace décadas su ‘Fiesta de Exaltación’–, As Neves y Salvaterra de Miño. En el río Ulla las hallamos en los ‘concellos’ de Teo, A Estrada y Padrón. Y en el Tambre, en Brión, al igual que en las tierras de Noia y Outes, donde también se conocen bajo el nombre de “rodeiros”.
Un caso diferente es el del río Tea –afluente del Miño–, en donde se emplean las “estacadas”, esto es, unas construcciones de madera con pasarela en la cual se acomodan los pescadores. Desde ellas otean el remonte de la lamprea y la clavan con la llamada “fisga” o “francada”. Cada año se realiza un sorteo en que se decide a qué pescador le corresponde cada “estacada”. En las zonas de estuario y desembocadura del río, se usan las embarcaciones como las “gamelas” o los “baleiros”. Redes y nasas son el método de pesca. Helos ahí en el Ulla, en Pontecesures, Valga y Catoira. Y en el ‘Baixo Miño’, en los ‘concellos’ de Tui, Tomiño y O Rosal. En A Guarda las redes llevan el nombre de “lampreeiras”. ¿Pescar la lamprea? Desde enero hasta mayo.

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