Opinión

La ‘tercera generación’ de la familia Cerqueira de Vigo

Isaac Otero | 02 de enero de 2017

“Ventura Cerqueira Domínguez dejó a su fallecimiento, en febrero de 1961, una empresa mucho más fuerte que la que había recibido de su padre. No sólo mantenía la planta viguesa el cuarto puesto en la principal provincia conservera española, la de Pontevedra, sino que disponía también de plantas en Ribeira, Santoña y Castellón, así como una no despreciable participación en empresas pesqueras y en la recién constituida ‘Carnaud Vigo”, asevera Xoán Carmona Badía, profesor de la Universidad de Santiago de Compostela, en su esencial estudio titulado Los Cerqueira. Cuatro generaciones de fabricantes sobre la playa de Coia.
El señor Ventura, en efecto, había cosechado un ejemplar reconocimiento dentro del sector, hasta el punto de ocupar la presidencia de la ‘Unión de Fabricantes de Conservas’ durante dos oportunidades: los años 1935 y 1940. Y el encomio ciudadano, ya que además llegó a presidir el ‘Casino de Vigo’. E igualmente fue representante del sector conservero dentro del ‘Comité de la Hojalata y el Estaño’. Es preciso recordar que sus dos hijos varones –Juan Manuel y José Luis– se habían incorporado ya a la gestión de la empresa familiar. Y sus tres hijas se habían casado con industriales del sector marítimo: Marisol con Salvador Alonso La Rosa; María del Carmen con Juan Manuel López Valcárcel, y María Isabel con José Ramón de Castro. Estos dos últimos, no obstante, habían fallecido ya antes que el señor Ventura en un accidente aéreo en el avión de la compañía ‘Aviaco’, el cual realizaba la línea Vigo-Madrid, en los montes de la sierra del Guadarrama en diciembre de 1958, según el diario ABC de 7/12/1958, y Faro de Vigo y El Pueblo Gallego de ese día y los siguientes.
Juan Luis –continuando la tradición familiar– había empezado a trabajar junto a su padre desde los dieciocho años, ocupándose de los negocios pesqueros; asimismo José Luis, el menor, quien había estudiado peritaje mercantil en la ‘Escuela de Comercio’ de la ciudad viguesa cuyo símbolo es el castillo y el olivo. Ellos fueron, pues, los que siguieron la senda empresarial, que ya se había transformado en ‘sociedad anónima’ en 1955. Al haber estado ejerciendo puestos ejecutivos desde aquella fecha, la transición hacia esta ‘tercera generación’ fue relativamente sencilla. Porque su tío –quien mantenía la mitad del capital de la empresa, mientras habitaba en Madrid y Portugal– no se quiso interferir dentro del sistema de renovación en la gestión.
Las décadas de 1960 y 1970 se presentaron llenas de obstáculos para las empresas, pues el sector se vio obligado a adaptarse a fundamentales cambios institucionales, emprender la integración en el mercado internacional, capear lo mejor posible aquella crisis de la “pesca de bajura” y también padecer la caída del consumo a causa del infundado temor de que las conservas en vinagre contuvieran “alcohol metílico”, después de las intoxicaciones producidas a comienzos de 1960. A partir de 1970 los años tampoco fueron más provechosos. ¿La razón? La crisis general y, sobre todo, el cambio sustancial en la “regulación internacional de las pesquerías” debido a la creación de las ‘Zonas Económicas Exclusivas’.
Así, pues, durante estas dos décadas del pasado siglo XX sufrieron el desplome económico –a juicio de los profesores Carmona y Fernández González, en su trabajo de 2001– casi la mitad de las empresas conserveras gallegas.

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