Opinión

Los símbolos de la catedral de Santiago y el ‘Pazo de Raxoi’

“Tamén hai outros motivos que nada teñen que ver nun principio co tema xacobeo; mais axudan a encher e decorar a fachada”, puntualiza el historiador Manuel Vilar Álvarez en su estudio monográfico A Praza do Obradoiro, Ediciones ‘A Nosa Terra’, ‘Concello’ de Santiago de Compostela, colección ‘Arte na Pedra’, Compostela, 2005.

Porque, en efecto, se trata de volutas, pináculos, las tan típicas placas del Barroco compostelano o bien floreros y ristras de vegetales que cuelgan de las paredes abajo. Recordamos que no pocas de estas decoraciones van más lejos de la función “barroca” de llenar el espacio. He aquí la transmisión de un mensaje que es preciso “leer” dentro de una “simbología” que guarda relación con el “culto xacobeo” al tiempo que con el “papel histórico” del mismo. Siguiendo con esta cosmología de los “símbolos”, asimismo anhela expresar que el Apóstol Santiago, desde las alturas, colma generosamente de abundancia todo aquello que se halla sus pies.

“Sobre a porta da entrada, que está metida nun gran arco, atopamos tres motivos heráldicos”, prosigue el profesor Manuel Vilar. Así, en el centro, un escudo real que alude al patronato regio del templo. A su derecha, el escudo del Cabildo. Y en el otro, el del arzobispo Caetano Gil Taboada, debido a estar al frente de la sede compostelana cuando se remató la obra.

Evoquemos como en este ‘obradoiro’ trabajaron –bajo las órdenes del arquitecto Fernando de Casas Novoa– los aparejadores Lucas Ferro Caaveiro y Clemente Sarela. Además, 100 oficiales y canteros, 7 escultores, varios ‘follateiros’ y 2 ‘vidreiros’. La piedra provenía de las canteras de los alrededores de Compostela: las de Ameixenda o Figueiras, ambas en las laderas del monte Pedroso. ¡Hermosa visión de la Catedral desde la ‘carballeira’ de la capilla de Santa Susana en los jardines de la Alameda compostelana, con el ‘Pazo de Raxoi’ en primer término!

Ahora bien, la última construcción en levantarse, a fin de clausurar completamente la ‘Praza do Obradoiro’ fue ‘O Pazo de Raxoi’. Una iniciativa del arzobispo Bartolomé Raxoi, quien quiso perpetuar su figura a su paso por la sede compostelana y, a la vez, manifestar su poder en la ciudad. Su destino era ser casa del ‘Concello’, Seminario diocesano y prisión. Su ubicación creó polémica con el propio Hospital, pues no deseaba delante una obra de este jaez. Y a mayor abundamiento, con el propio ‘Concello’ de Santiago. Desarrolló también dificultades urbanísticas a causa del desnivel que debía salvar: seguir manteniendo la iglesia de San Froitoso vinculada a la plaza. Y de qué modo mantener una visibilidad desde la esquina que mira para el Hospital. No olvidemos que ahí mismo se encontraba la ‘sala real’. Y de qué manera, en fin, ocultar el conjunto de huertas y casas que existían detrás. ¿Cómo sería posible, por ende, integrarse ante la todopoderosa fachada del Hospital y frente a la esplendente fachada de la Catedral, sin descentrar el eje que jerarquizaba la deslumbrante visión alegórica de la basílica?

 

 

 

 

 

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