Opinión

Rubiá, Carballeda y A Veiga, naturaleza de Ourense

Isaac Otero | 18 de junio de 2018

Hemos llegado a Rubiá. Gozosamente rodeados de montañas, divisamos tan sorprendentes como bellísimos paisajes. Este terreno calizo benefició la formación de cuevas radiantes de estalactitas y estalagmitas. Nos asombramos ante los pueblos de Covas y Biobra, donde existen varias “furnas naturais” que son conocidas por el nombre de “palas”. Gracias a ellas otrora los pastores se cobijan frente a las intensas lluvias. Casi sin explorar, no hay espeleólogo que deje de venir a visitarlas.

Al igual que todo el valle de Valdeorras –benditas tierras gallegas de la provincia de Ourense– esta amplia comarca estuvo enormemente romanizada. No olvidemos que hace ya unas décadas se halló en Rubiá –en otros tiempos denominada “Rubiana”– un “ara” dedicada a “Ravveana Bareco”. Leemos la inscripción: “Albino Tito Torubo”, africano, por sí mismo puso este monumento a  ‘Ravveana Bareco”. Recordemos que “Bareco’ es una divinidad de origen celta. En cuanto a “Ravveana” se supone que se trataba de una divinidad local, porque es la que le otorga el nombre de este lugar, no volviéndose a encontrar por ninguna parte.

La antigua “Via Nova” atravesaba la vega de Rubiá por Vega de Cascallana y Robledo de la Lastra; ascendía por la sierra de la Encina, frente a Oulego, donde todavía se ven zonas de la “calzada” hasta alcanzar Cabarcos y “Berdigum Flavium”. Digamos que en Vega de Cascallana nos encontramos con una iglesia que, pese a su escaso valor artístico, los vecinos se consideran muy ufanos de ella. No en vano fue conducida piedra a piedra desde Alberguería, cuando se decidió realizar el embalse, con la construcción del “encoro”. En Robledo –algo más arriba del cementerio– observamos una “pista” a mano derecha, donde aún se conserva el viejo trazado de la “Via Nova”. Y al pie de la sierra de “A Encina” –así llamada por una vieja “aciñeira” que era una guía para los arrieros–, en Oulego, es donde Díez-Sanjurjo ubica la mansión romana conocida bajo el nombre de “Gemestario”.

Luego vamos a Carballeda, “concello” situado en el valle del río Casoio, al este del partido judicial de Valdeorras, que nos recibe abriéndonos sus esplendorosos paisajes. La surca el río Sil y, abrazada por recias montañas, nos recuerda que su terreno es “muy quebrado, montuoso, fértil y bien regado”. ¡O tempora, o mores!, que bien podría decir el divino poeta Horacio. ¡Minas de “wolframio” que durante años se explotaron hasta que se perdió su rentabilidad económica! Si las armas de las grandes guerras europeas fuesen capaces de conversar y explicar…

De enorme producción de vino, lo mismo que en el resto de la comarca, así como de abundantes castañas, Carballeda nos birinda la oportunidad de visitar la iglesia de Santa María, en Casaio, cuya portada es plateresca, con medallones que exhiben los bustos de San Pedro y San Pablo. Ermitas y capillas de las sierras que nos circundan. Molinos y hornos rehabilitados. En el “concello” de A Veiga ya estamos situados en el valle superior del río Xares. Parajes muy aislados sobre los que escribió el escritor ourensano Vicente Risco: “No tiene para comunicarse con el resto del mundo más que caminos de carro…”. Hoy, empero, vemos el bosque de robles, verdísimos prados y bancales de viñedos. Y la fluvial playa de “los Franceses” revive en verano para todos los forasteros.  

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