Opinión

Italia, Francia y Flandes: el ‘encaixe’ en Galicia

“Semellante método que o usado polos fenicios, foi posto en práctica polos comerciantes italianos que percorrían os mares dende a península natal ó norte europeo no seu trafego mercantil. Non establecían asentamentos perdurables, máis deixaron a súa pegada indeleble en zonas estratéxicas”, señala el etnógrafo gallego Mario Gallego Rei en su obra Os Encaixes, Ediciones ‘Ir Indo’, colección ‘Raigame’, Vigo, 1989.

No en vano Italia –sobre todo, en la Edad Media– mantenía un populoso comercio en nuestras costas. Además de vendernos sus ‘encaixes’, nos legaron sus modelos que las ‘palilleiras’ fueron incorporando a su singular manera de trabajar: específicamente en cuanto a la realización de dibujos y formas, que vuelven a recoger motivos –al igual que con los de estilo “románico”– de índole vinculada a la Naturaleza. Recordemos, no obstante, que en Francia floreció en grado sumo la confección del “encaixe con agulla”. Y en Flandes, la hegemonía de los ‘bolillos’. Esta técnica –como nos indica el insigne escritor Xosé María Castroviejo en su Galicia: guía espiritual de una tierra–, con el trasiego comercial de Italia con Flandes, propició la arribada a nuestra Tierra Gallega del “encaixe de bolillos”. Influencia minera de la artesanía flamenca en el puerto de Camariñas, si bien no fue hasta el siglo XVI cuando el “encaixe a agulla” ejerció una función eminente.

¿Quién no se acuerda de aquellas leyendas ligadas al origen italiano del “encaixe” costero? El profesor Xosé Filgueira Valverde –en su estudio Artesanía Galega– destacó la procedencia de nuestra artesanía gallega en las tierras de Irlanda, teniendo presente la llegada del “encaixe” a Galicia a través de los emigrantes irlandeses durante el siglo XVI. ¿Y cómo nos íbamos a olvidar de las relaciones con el “Camiño de Santiago” y su continua fluencia de peregrinos desde los más variopintos países de Europa? “O Camiño de Santiago” –recordémoslo– no finalizaba en la Ciudad del Apóstol, sino que continuaba hasta Fisterra, por la antigua “via” romana que atravesaba las comarcas de Bergantiños, Vimianzo y Corcubión, que eran lugares de extensas superficies dedicadas al cultivo del lino.

El etnógrafo gallego Antón López Ferreiro –en su obra Galicia en el último tercio del siglo XV, Santiago de Compostela, 1883, II, página 432–, al comentar la industria y el comercio de Galicia en el postrer tercio del siglo XV, refiriéndose al año 1500, escribe lo siguiente: “Outra industria importante era a dos lenzos, pois chegaron a tecerse algúns moi bos, como se aprecia polos que levaban os nomes de Padrón, A Coruña, Allariz e Neda, dos lugares onde se fabricaban. Tamén se traballaban bos encaixes, especialmente en Corcubión, Bergantiños e Muxía”.

Acerca de este comercio, el Marqués de Valverde –en el Catálogo de la Exposición de Lencería y “Encaixes” de los siglos XVI al XIX–, llevada a término en 1915 por la “Sociedad Española de Amigos del Arte”, resaltó el “encaixe” como una industria doméstica pujante, no sólo para las necesidades del país, sino para la exportación al extranjero, “donde era muy considerado”, como nos explica en su ilustrativo prólogo.

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