Opinión

‘¿Por dónde andará?’, tango de Salvador Merico y Atilio Supparo

Isaac Otero | 28 de noviembre de 2016

El autor del tango titulado ¿Por dónde andará? fue Salvador Merico, quien naciera allá por la década de 1890 en la provincia italiana de Bari para morir en Buenos Aires en 1969. Su padre era intérprete de “corno” durante algunas temporadas líricas. Habiéndole puesto profesor de tal instrumento, Salvador Merico confesó al nunca bien ponderado poeta y tanguero Francisco García Jiménez, según leemos en su fundamental libro Así nacieron los tangos, Ediciones, Corregidor, Buenos Aires, 1980, estas reveladoras e irónicas palabras: “Mandé ‘al corno’ al profesor, y después también mandé el corno ‘al corno’. Estudié trompeta. Al fin me decidí por el trombón de llave. No del todo, porque lo cambié por el trombón de vara (que con gráfico vulgarismo llamamos ‘sacabuche’), pues el andar de los tiempos imponía este tipo de instrumento en las bandas. En esto de las bandas, Italia tenía gran predicamento en Europa. Mi perfeccionamiento lo hice yéndome con una a Alemania. Luego a Inglaterra. Tocando en Londres, en 1910, nos contrataron para el ‘Parque Japonés’ de Buenos Aires”.

El joven Salvador Merico, antes de su llegada a Buenos Aires, se presentó en la embajada argentina en Londres. Solicitó una partitura del ‘Himno’ de la República Argentina, a fin de copiarla. Constituía, desde luego, un insoslayable contenido para una banda internacional. Allí mismo le conceden además una pieza bailable. Y en la carátula lee: El choclo-Tango. Entonces interrogaba: “¿Qui é questo ‘choclo’?”. En tanto que le explican sucintamente que se trata de la “mazorca” del maíz, él ya se ha echado un vistazo al pentagrama. La melodía se hallaba “picadita”, otorgándole compás a la danza “orillera” de aquella época.

Ma … Tarantella non é questo”, dice por “lo bajinis” el buen Merico. Aunque no pregunta más, él se lleva bajo el brazo el ‘Himno’ y … El choclo. Un año después de haber actuado en el ‘Parque Japonés’ de la reina del Plata, regresa a su Italia natal, donde vive su novia, y se casa. Pero vuelve. El adagio se cumplió: “El que toma mate vuelve”. Le esperaba una plaza de trombonista en la célebre ‘Banda Municipal’ porteña, dirigida por el maestro Malvagni. La dejó en 1915 para ingresar en la orquesta del teatro ‘Colón’, con la empresa Bonetti, concesionaria del primer coliseo bonaerense. Bajo señeras batutas de maestros internacionales está seis años. En 1922 toma la concesión la empresa ‘Rosa-Mocchi’ y Salvador Merico, con otros músicos, se aleja del teatro. Junto con sus colegas de la ‘Asociación del Profesorado Orquestal’ forma la ‘Orquesta Filarmónica’. Aplausos pero huérfano de “cobres”. Organiza, pues, una ‘jazz-band’ para el ‘cabaret Abdullah’. Pascual Carcavallo lo saca de allí y se lleva el conjunto al teatro ‘Nacional’ a fines de 1922. Al año siguiente, debuta en ese mismo teatro la espléndida Azucena Maizani cantando tangos. Merico aporta su aptitud de instrumentador, arreglador y director.

A un concurso de tangos del disco ‘Nacional’ envía un inspirado tango: un tango a la competencia, porque Merico estaba prendado de la hija del comisario de la ‘seccional’ del cine ‘Grand Splendid’. Reunió la suma de los llamados “talones-voto” que se despachaban en la taquilla, previo un finísimo “procedimiento judicial”. Don Atilio Supparo (1871-1942), el poeta criollo, escribió para él una letra. El tango era Criollo de ley. Tomó, sin embargo, el título de ¿Por dónde andará?. Lo estrenó Libertad Lamarque: “Que mi mente no te encuentre ya,/ que me paso las horas enteras/ preguntando: ¿Por dónde andará?”. Después vendrían De todo te olvidas y el burlón de Seguí mi consejo de Carlitos Gardel.

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