Opinión

Las cartas del abuelo Pascasio

Elena Carbajales | 12 de noviembre de 2012

Un hogar común en la esquina de Belgrano y Pasco

Muy querida nieta Cristina:

Tengo que trasmitirte que dentro de la agrupación ‘Cristina da Fonsagrada’ se constituyó una Comisión Especial de Seguimiento de la intervención judicial del Centro Gallego de Buenos Aires. Como puedes comprender estamos muy preocupados sobre el futuro de la más importante entidad gallega de la Argentina. La comisión está compuesta por los presidentes y secretarios que están acá arriba y que en diferentes épocas tuvieron responsabilidades en la institución. Se reunirán todas las semanas hasta que cese la intervención comandada por Carlos La Blunda.

Mirá, Cristina, no podemos negar que el golpe es muy duro para nosotros, honrados

albañiles que edificamos con amor un hogar común en la esquina de Belgrano y Pasco. Somos conscientes de que no es ningún capricho –los gobiernos serios no se mueven por calenturas pasajeras– pero ¡ojo! tiene que ser transitoria. La situación se fue complicando. Unas cuentas que no cierran al entrarte mil pesos y gastar dos mil. Así, vas cayendo en un pozo del que no salís sin que te suban con una cuerda. En la comisión se habló de errores y de fallos pero dejando claro que la culpabilidad se reparte entre varios actores.

Lo que mis compañeros pusieron sobre la mesa en la reunión es que los problemas no

empezaron ayer con la gestión de Carlos Alberto Vello. Analizaron sucesivas etapas hasta llegar al factor que inoculó el virus que nos llevó a ser intervenidos. Me sorprendió que fuese Sánchez Millares el que pusiese el dedo en la llaga –lo digo porque era amigo personal del presidente Fraga– al manifestar con total convicción que la cosa se torció en el mismo momento en que se acepta la primer ayuda de la Xunta de Galicia.

El amigo Eduardo desarrolló el siguiente pensamiento que te reduzco y traduzco:

“Nosotros vinimos a la Argentina para mejorar a nivel personal y para ayudar a nuestras familias que quedaban en la aldea. Los emigrantes estamos programados para luchar y dar apoyo. Cuando don Manuel con toda la buena intención del mundo aprueba una ayuda para el Centro Gallego es, ahí mismo, cuando empezó nuestra crisis. Nos quedamos tranquilos con la guita que venía de nuestra tierra y nos dormimos en los laureles”.

Bueno, querida nieta, a lo mejor te parece que los gallegos divagamos. Te digo que tiene mucho sentido lo que expresó Eduardo. Se trata de utilizar mal o no valorar lo que te cae de arriba. La guita de la Xunta tenía la finalidad de subvencionar la atención médica de los socios nacidos en Galicia. Muy bien pensado; así se aliviaban los gastos generales. Pero la plata fue para bancar a un grupo de enchufados que no cumplían labor alguno dentro de un invento llamado Fundación Galicia Salud. El destino principal de lo que venía de Galicia iba para pagar buenos salarios de empleados administrativos que no eran necesarios y que no mejoraban el servicio de asistencia sanitaria.

Se crea en nuestra vieja institución una casta de privilegiados bancados desde Galicia. Los sucesivos cambios en la Xunta repercutieron en la Fundación al tener que irse los ‘ñoquis’ que perdieron las elecciones. Estarás sorprendida, Cristina, al enterarte de los tejes y manejes en el Centro Gallego. Nos fuimos hundiendo sin aprovechar para una racionalización de los servicios, renovación tecnológica y becas de formación. Ahora, todo son lamentos. Todos lo venían venir pero nadie hizo nada. No es justo echarle la culpa a La Blunda; en todo caso, es un mal necesario para que nuestro querido centro se recupere después de la tormenta. Te aviso que seguirás informada porque una carta es insuficiente para resumir más de un siglo de trayectoria.

Recibí un fuerte abrazo del abuelo que no te olvida.

Pascasio Fernández Gómez

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