Opinión

Puede que la crisis demográfica en Europa termine siendo más calamitosa que la actual crisis económica. Las perspectivas de Naciones Unidas sobre crecimiento de la población para 2050 estiman que si bien la población mundial se cuadruplicará en relación a la existente un siglo atrás, en 1950, países como Rusia y Japón experimentarán sensibles caídas demográficas que pondrán a prueba la sostenibilidad de sus sistemas de pensiones.
Sistemas de pensiones que se verán igualmente afectados en países como España, Grecia, Italia y Portugal, curiosamente los sometidos a efectos del ‘rescate’ financiero o bajo presiones por parte de la ‘troika’. En estos países, los índices de fecundidad han bajado notablemente en las últimas décadas, lo cual dejará una desproporción alarmante a futuro en cuanto a población económicamente activa y población jubilada.
Si la natalidad es baja, no mucho mejor es la tasa de emigración, otro factor que juega su peso decisivo en materia demográfica. La crisis ha obligado a una masiva emigración de jóvenes profesionales de España y Portugal, donde la tasa de desempleo para menores de 25 años supera el 40 por ciento. Iberoamérica está recibiendo un 57 por ciento de la emigración joven española, principalmente países como Argentina, Chile y México, mientras que la portuguesa emigra a Brasil y Angola, cuyas perspectivas profesionales superan ampliamente las expectativas de los jóvenes portugueses en su propio país.
Con ello, las remesas de esta nueva emigración comienzan a curtir efecto en sus respectivas economías. Un ejemplo son las remesas de los nuevos emigrantes españoles en Argentina, los cuales anualmente envían US$ 1.000 millones a España, cuatro veces más que en sentido contrario. Lo mismo sucede con la emigración portuguesa en Brasil y Angola.
En 2003, previo a la ilegal guerra de Irak, el infame secretario de Defensa estadounidense Donald Rumsfeld acuñó el término de la “vieja Europa” para descalificar a aquellos países, con Francia a la cabeza, que se oponían a la intervención militar contra el régimen de Saddam Hussein, liderada por otro infame, el presidente George W. Bush. Puede que sin quererlo y muy probablemente sin saberlo, lo de la “vieja Europa” de Rumsfeld iba por otro sentido, completamente contrario a lo que quería definir.

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