Opinión

Observando la noticia de un futbolista griego expulsado de por vida tras realizar el saludo nazi, se puede intuir que Grecia se está convirtiendo, silenciosamente, en el laboratorio más inesperado de la crisis mundial, que no parece ser únicamente financiera y económica.
Desde 2010, el país mediterráneo se ha convertido en una especie de protectorado de esa ‘troika’ conformada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco Central Europeo (BCE), al amparo de Alemania, el motor de la Unión Europea (UE). Grecia ha recibido varios ‘rescates’ desde entonces, y su área de magnitud acaba recientemente de llegar a la vecina Chipre, de mayoría grecochipriota, cuya dureza del ajuste ha obligado a la inédita medida de que sean los propios ciudadanos quienes tengan que pagar un impuesto por sus ahorros.
Cuesta considerar con que esta pérdida evidente de soberanía por parte de cualquiera que sea el gobierno en Atenas, determinado por las ‘recetas’ de la ‘troika’, pueda revertirse a corto y mediano plazo. Un estudio realizado el año pasado determinó que, por lo menos hasta 2030, Grecia seguiría sujeta a esta dura realidad. Por tanto, estaríamos hablando de dos generaciones de griegos.
El laboratorio griego parece ser el alumno predilecto para los centros de poder que colocaron al mundo en la actual crisis. Una receta simple pero de dramáticas consecuencias sociales: austeridad fiscal, duros ajustes macroeconómicos con salarios paupérrimos para, progresivamente, desmantelar el Estado social de bienestar vigente desde la posguerra europea y sumirlo a manos de la nueva generación de neoliberales que está imponiéndose en el poder.
Pero los resultados pueden ser inesperados. La indignación ciudadana griega que en 2012 impulsó electoralmente una alternativa desde la izquierda, incluso con matices radicales, a través de la plataforma Syriza, comienza a observar el ascenso de su antagonista, la extrema derecha de Amanecer Dorado. Dos polos políticos abiertamente antagónicos que puede convertir a Grecia en un laboratorio de conflictos a las puertas de Europa.
Pocos pueden asegurar si Syriza y Amanecer Dorado se convertirán en las opciones políticas y electorales que desplacen definitivamente a los partidos tradicionales griegos, el socialdemócrata PASOK y la democracia cristiana, o a sus nuevos acólitos, el actualmente gobernante Nueva Democracia. Un panorama abiertamente fracturado y atomizado.
En todo caso, cada uno de ellos ya comenzó su tarea propagandística por Europa para ganar aliados políticos. Syriza, abiertamente soberanista con un duro discurso contra troika, parece estar consolidándose como una alternativa de izquierda en otros países mediterráneos y europeos, al mismo tiempo que Amanecer Dorado ya teje sus redes de apoyo en influencia como un ‘nuevo post-fascismo’ que puede tener adeptos en una Europa socialmente pauperizada, en la que diversas capas sociales, empobrecidas por la crisis, puede apuntar a la numerosa inmigración como causante de sus males.
Así, el laboratorio griego, desde diversos ángulos e intereses, está activado desde hace tiempo. Triste y preocupante perspectiva para la considerada cuna de la civilización occidental.

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