Opinión

Mi prima Nena

Edmundo Moure | 13 de marzo de 2017

…Una muchacha alta, de cabellos dorados hechos dos largas trenzas que caen sobre su blusa roja… La blanca sonrisa ilumina su hermoso rostro donde brilla la mirada de sus ojos azules.
-¡Qué linda es la prima Nena! ¿Por qué se llama García, si nosotros somos los Moure?
-Porque es hija de tía Naulina y su padre es el tío Julio García, leonés y no gallego…
Ella es dulce y me dice Mundiño y me saluda con un beso tibio en la mejilla que huele a lavanda fresca. Me defiende de la iracundia de esos coléricos primos mayores y de otros peligros en ciernes. Porque siempre estará allí, en Chacra El Olivo, en el umbral de la galería, los sábados y domingos de todas las estaciones, el día de Santa Elena, cuando celebrábamos a la abuela Elena Rodríguez Grande, a tía Elena, a la Nena Bordalí y a mi prima de cabellos de trigo y sol.
Los versos de Rosalía, en esa melancólica canción del emigrante, resuenan de nuevo en los patios arbolados de Chacra El Olivo que huelen al dulzor de las acacias y yo se las canto hoy a mi prima Nena:

Adiós ríos, adiós fontes
adiós, regatos pequenos;
adiós, vista dos meus ollos,
non sei cándo nos veremos.

Miña terra, miña terra,
terra donde m’eu criei,
hortiña que quero tanto,
figueiriñas que prantei.

Prados, ríos, arboredas,
pinares que move o vento,
paxariños piadores,
casiña d’o meu contento.
Muiño dos castañares,
noites craras do luar,
campaniñas timbradoiras
da igrexiña do lugar.

Amoriñas das silveiras
que eu lle daba ó meu amor,
camiñiños antre o millo,
¡adiós para sempre adiós!

Los recuerdos, querida prima, están hechos de imágenes y colores y sonidos y palabras, sobre todo esas voces gallegas que nos remitían a un mundo misterioso... Son los ecos de la existencia que tañen en la memoria y parecen negar las injurias del olvido y las miserias de la muerte.
Bailas ahora, vestida de blanco vaporoso, con ese inmenso hombre rubio de nombre extraño, que suena para mí como el restallar de una honda pajarera: Keith Fife... Vas a casarte con él y estoy celoso, aunque no puedo decirlo... Entonces, ¿ya no estarás más conmigo, bella novia del verano de la infancia?
Qué hacer hoy con esta pena, mezclada con ese sentimiento de culpa que nos embarga por no haber sido capaces de compartir más horas, como cuando nos encontrábamos en distintas ceremonias de la tribu y hablábamos, tú y yo, en gallego y Keith se enfurruñaba y se ponía también celoso... Me daban ganas de decirle, como si yo fuera aún el niño que miraba hacia lo alto a su hermosa prima: -La conozco antes que tú y sus labios se posaron primero en mis mejillas.
Elena García Moure, prima Nena, no sé hacia dónde viajas ahora ni dónde podré encontrarte, pero el niño de Chacra el Olivo que mora en mí seguirá buscando tu claro guiño en las estrellas.

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