Opinión

Crisis y hegemonías

Roberto Mansilla Blanco | 17 de septiembre de 2012

¿Puede considerarse la crisis económica actual como una cuestión de hegemonías? Desde el Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional IGADI (www.igadi.org), su director Xulio Ríos argumenta en un último artículo que la crisis puede constituir, más bien, un intento de Occidente por preservar temporalmente su hegemonía ante el inevitable ascenso de China y Asia.
Esta preservación hegemónica occidental se realizará a través de una abrupta política de austeridad destinada a desmontar paulatinamente el modelo de estado de bienestar imperante en la posguerra, a fin de propiciar una acumulación de capital que le permita a Occidente frenar el ascenso económico chino y asiático, manteniendo al mismo tiempo su superioridad militar. Todo ello aunque otros factores de poder, como el demográfico, perjudican esa pretendida preservación hegemónica occidental.
Este enfoque cuestiona, obviamente, el alcance de la crisis. Occidente aún mantiene casi intactos sus resortes de poder a pesar de que la potencialidad asiática y particularmente china determina una sujeción a largo plazo. Un ejemplo es el peso del Banco Central chino como acreedor del 7% de la deuda externa estadounidense o el ascenso chino como prestamista e inversor en África y América Latina, tradicionales periferias productoras de materias primas del Sistema-Mundo capitalista imperante desde el siglo XVI, parafraseando al analista Immanuel Wallerstein.
Sea como sea, la crisis actual revela un compás y punto de espera del modelo capitalista neoliberal. Como argumenta Xulio Ríos, cierra un ciclo iniciado en 1989 con la caída del Muro de Berlín y el ascenso global neoliberal. Incluso más: revela el ascenso de nuevas elites acomodadas por el sistema de especulación financiera, indexándose e incluso relevando a las viejas elites y oligarquías consolidadas en la etapa del capitalismo industrial imperante desde mediados del siglo XIX.
Esta crisis parece, entonces, explicar una cuestión de elites y hegemonías. En el medio quedan unas clases medias pauperizadas, alienadas por la ilusión neoliberal de riqueza y progreso imperante desde la década de 1980. Un proceso que actualmente vive Occidente y que aún no ha vivido China, pero que no tardará en experimentar una vez las nuevas elites y clases medias chinas inicien su despegue hacia la riqueza y el poder.
El capitalismo neoliberal occidentalizado afronta así su carrera por la supervivencia en un marco de austeridad y desmonte de las conquistas sociales. Mucho dependerá si desde Occidente surgen alternativas a este modelo antes de que la inevitable colisión con China y la emergencia asiática determinen el próximo cambio de la balanza de poder para las próximas décadas.

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