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Jueves, 24 de mayo de 2012 15:40


Para evitar que el voto exterior sea irrelevante

Jordi Tauler Vaillet
21 de noviembre de 2011


Para evitar que el voto exterior sea irrelevante En las elecciones generales del 2008, más de 1.200.000 españoles residentes en el extranjero pudieron ejercer su voto. Finalmente, la participación fue del 31.7%, unos 380.000 votos. Este año el censo de españoles residentes en el extranjero roza el millón y medio, es decir, un incremento del 20%. Conviene recordar que en el 2000, la participación fue del 22%. La tendencia de una participación al alza junto con un aumento del censo debería suponer un aumento importante del número de votos. Siendo conservadores y asumiendo una participación similar a la del 2008 se debería llegar, aproximadamente, al medio millón de votos emitidos. Pues bien, hasta ahora se han recibido unas 130.000 solicitudes de voto. Dado que el plazo para solicitar el voto ya se ha cumplido no es de esperar un aumento abrumador de solicitudes. Por otro lado, más de 20.000 solicitudes han sido denegadas. Eso deja los posibles votos en poco más de 100.000, o sea menos del 7% sobre el total del censo CERA. Si a eso se le añade el retraso en el proceso de respuesta a dichas solicitudes, que conlleva recibir las papeletas fuera de plazo y no poder votar, es fácil imaginar que la participación final puede ser parecida a la de las autonómicas de Mayo, es decir cercana al 3%. Así, en unas elecciones importantes el voto extranjero caerá, con casi toda seguridad, más de un 80%. O lo que es lo mismo, se dejarán de emitir unos 400.000 votos, como mínimo. ¿ Significa eso que los españoles en el extranjero hemos desarrollado una apatía galopante en los últimos cuatro años? Es obvio que esa no puede ser la respuesta. La clave está en la reforma de la ley electoral que afecta a los ciudadanos españoles residentes en el extranjero. En primer lugar se niega el voto en las elecciones municipales. En segundo lugar, se complica el voto por el procedimiento del voto rogado. Eso lleva a este proceso lento y absurdo de solicitud de voto. Además conviene señalar que, según las cifras disponibles, un 15% de las solicitudes han sido denegadas. Es un dato que sorprende. ¿Alguien se puede imaginar que el 15% de los ciudadanos que van a ir a votar a su colegio electoral el próximo día 20 no pueda votar? Quizás alguno se atreverá a decir que eso implica la detección eficaz de votos fraudulentos. Pero, en un contexto de caída brutal de la intención de voto, no parece razonable asumir que el voto fraudulento pueda llegar a ser tan elevado. Creo que es muy probable que la mayor parte de los votos denegados sea consecuencia de defectos de forma en el proceso de solicitud. Asumiendo esa explicación, me parece significativo que el número de votos denegados sea tan elevado, siendo esta ya la segunda convocatoria electoral posterior a la reforma de la ley. El procedimiento para votar, previo a dicha reforma, era ya lamentable. Tanto si se votaba en el consulado directamente como si se hacía por correo certificado, había que votar antes del día de las elecciones. Así para los ciudadanos españoles en el extranjero conceptos como campaña electoral o jornada de reflexión no tenían mucho sentido. Eso puede parecer poco relevante pero lo es. Lo fue en el 2004, por ejemplo y lo es, por principio, para poder votar con la misma información y en igualdad de condiciones. Por otro lado, aunque eso es un dato que no está detallado de forma precisa, son muchos los ciudadanos que hemos recibido las papeletas fuera de plazo. En el 2008 fueron muchos los afectados. Algo que se ha repetido en todas las citas electorales, ya sean autonómicas, municipales, generales y europeas. A día de hoy, el procedimiento se ha complicado aún más al tener que solicitar el voto para poder recibir las papeletas. Se incrementa el trámite administrativo. No hacía falta ser muy listo ni disponer de una bola de cristal para predecir que eso iba a suponer un caída del voto extranjero. Por desgracia, los datos lo confirman. Personalmente, anticipaba un descenso del 25 o el 30% en la participación. No podía imaginar que se llegaría a más del 80%. Y también era evidente que muchas más papeletas iban a llegar fuera de plazo. No soy sociólogo. Es sólo sentido común. Si algo no está funcionado no mejorará si se incrementa la burocracia y los pasos a seguir. Eso, invariablemente, aumenta los errores y disminuye seriamente la eficacia. Eso era evidente desde el día que supimos como se modificaba la ley electoral. Los cambios no iban a mejorar el proceso y tampoco iban a favorecer la participación. Los datos son claros. Si la tendencia se confirma, el voto exterior terminará por ser irrelevante, una anécdota como los votos nulos. No olvidemos que hay cerca de un millón y medio de españoles con derecho a voto. Si la participación fuera similar a la del voto en territorio español, por ejemplo, un 65%, estaríamos hablando de casi un millón de votos. Algunas elecciones, por ejemplo en 1993 o en 1996, se decidieron por menos de un millón de votos. Somos muchos y no podemos quedarnos callados. Muchos seguimos la situación en España día a día. Nuestros familiares y amigos siguen en España. Nos importa mucho lo que pasa en nuestro país y no nos resignamos a ser ciudadanos de segunda como consecuencia de una ley electoral mezquina. ¿Qué podemos hacer? Se nos ha dicho que formalicemos nuestra queja en la web de la oficina del censo como protesta por las papeletas que llegan fuera de plazo. Puede ser interesante hacerlo pero eso sólo es parte del problema. Como ya se ha comentado, los números de solicitudes de voto revelan la auténtica magnitud del caos electoral. Si de verdad queremos que nuestros votos cuenten y no ser ciudadanos de segunda hay que pensar en reformas serias. A continuación voy a proponer algunas opciones. Pueden ser discutibles y pueden ser usadas como punto de arranque. No será fácil pero merece la pena. En primer lugar, y eso es casi condición necesaria, derogar la actual ley electoral y trabajar para una nueva ley que debería: 1. Restaurar el derecho a voto en todas las convocatorias electorales en España. 2. Suprimir el concepto de voto rogado. 3. Asegurar la posibilidad de votar hasta el mismo día de la convocatoria electoral en España. 4. Crear y fomentar el voto electrónico. 5. Mantener el voto por correo y en urna, en consulados, agilizando los trámites para que ningún ciudadano que quiera votar se quede sin poder hacerlo. 6. Crear una, o más de una, circunscripción en el extranjero en el Congreso en elecciones generales. En municipales y autonómicas se mantendrían las actuales circunscripciones. Se puede hablar de detalles y formas. Pero todos los puntos propuestos son relevantes. No hacer nada nos convierte en irrelevantes. Jordi Tauler Vaillet, profesor de Medicina de la Universidad de Illinois Chicago (Estados Unidos)



 

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