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“Nuestro cometido es involucrarnos en las entidades del exterior aportando nuevas ideas”

Elena Fernández, Barcelona | 10 de enero de 2019

Eduardo Lijo y Francisco Álvarez, con las banderas de sus países de residencia.

La nueva emigración empieza a asomar a las instituciones de la diáspora y lo hace con orgullo. Después de años dirigidas por integrantes de la primera y segunda generación, llega el turno de los nietos, que tratan de mantener, allá donde se asientan, la cultura y las tradiciones propias de su lugar de origen. 

La nueva emigración empieza a asomar a las instituciones de la diáspora y lo hace con orgullo. Después de años dirigidas por integrantes de la primera y segunda generación, llega el turno de los nietos, que tratan de mantener, allá donde se asientan, la cultura y las tradiciones propias de su lugar de origen. Francisco José Álvarez Darriba, de 24 años y natural de Pazos de Borbén (Pontevedra), y Eduardo Lijo Brión, de 25, nacido en Estados Unidos e hijo de gallegos de Corrubedo y Ribeira, son buen ejemplo de ello. Ambos tuvieron ocasión de exponer sus demandas el pasado diciembre en Barcelona durante la reunión de la Comisión Delegada del Consello de Comunidades Galegas, a la que acudieron en representación del Centro Cultural Gallego de Cuxhaven y la Unidad Gallega de los Estados Unidos, respectivamente.

Pregunta. Ambos representáis a las nuevas generaciones de emigrantes en las instituciones. ¿Qué os ha animado a involucraros en esta tarea?

Francisco José Álvarez. Por mi parte, fue para ayudar a los mayores, porque llega un momento en el que esos emigrantes de primera generación ya no pueden cumplir con su cometido y tienen que delegar la carga en alguien. Entonces toca dar el paso generacional. Nuestro cometido es empezar a involucrarnos en un trabajo distinto a como se viene haciendo hasta ahora, aportando nuevas ideas. Porque esas instituciones no van a funcionar de la misma manera, porque estamos en un nuevo mundo, en un nuevo momento, y las cosas no funcionan igual. Hasta ahora, los clubes y centros de emigrantes gallegos en todo el mundo se debían a gente de primera y segunda generación con muchas raíces y mucho contacto con Galicia. El problema es que esos emigrantes o fallecieron o están retornando y los nuevos emigrantes, de tercera o cuarta generación, no tienen el mismo contacto con Galicia. Por mi parte, creo que debemos empezar ya a aportar cosas nuevas para intentar mantener el contacto con Galicia de esa forma tan directa. Es algo que hay que ir haciendo poco a poco. 

P. ¿Qué ideas traéis? ¿Cómo os gustaría que fuera esa conexión entre la Galicia actual y la nueva emigración?

Eduardo Lijo. La conexión es clara. Yo soy un gallego orgulloso y pienso que da igual de donde vienes. Somos gallegos siempre, gallegos de brazos abiertos, y la visión que yo tengo para mi sociedad (Unidad Gallega de los Estados Unidos) y para todos los gallegos es preservar la cultura gallega, difundirla entre la juventud.

P. ¿Cómo es la relación entre los otros hijos de la emigración gallega en Estados Unidos y la Galicia actual? ¿Se siguen sintiendo gallegos?

E. L. Yo creo que con las nuevas tecnologías es muy fácil distraerse, pero yo veo muy claro los sacrificios de mis padres para venir a Estados Unidos y para preservar el gallego y estar unidos y yo quiero que mis hijos y nietos se sientar orgullosos, como yo, de su condición de gallegos. Eso fue lo que me hizo entrar en esto, para devolverles el favor a los gallegos y españoles que se sacrificaron.

P. ¿Observa en otros jóvenes esa misma inquietud?

E. L. Pienso que cuando vives en Nueva York, que es, sin faltar al respeto, una de las ciudades más grandes del mundo y con muchas influencias de todas partes, es muy fácil distraerte. Mucha gente no sabe qué quiere hacer ni adónde va, pero cuando entienden qué es el orgullo gallego, se dan cuenta y eso es importante. Por eso, ahora queremos despertar a la juventud.

P. ¿Cómo ven las políticas que se están poniendo en marcha para colaborar con la nueva emigración? ¿Responden a sus demandas?

F. J. A. Se está fomentando el asunto de las ayudas sociales y eso está muy bien y es muy necesario en América Latina, pero en Alemania, la situación económica es estable y la gente tiene trabajo. Aquí el problema principal es el desconocimiento, por parte de los hijos y nietos, de su propia cultura. Ahora todo se puede ver por internet, pero ver las cosas en directo es mucho mejor que a través de una foto. Todos saben que vienen de Galicia, que tienen raíces gallegas, pero les falta conocerla de primera mano.

En nuestro caso, lo que más aportaría sería proyectar fiestas como la del albariño, que organizamos en otoño; fiestas, culturales, gastronómicas. No tanto talleres informativos sin fijar un motivo, sino acompañarlos de actos festivos para que la gente venga al taller. El asunto del Camino de Santiago no sólo es importante en Galicia. En Alemania está en auge el Camino del Norte y es necesario contar con puntos de información para que la gente pueda ver lo que es Galicia.

Todos sabemos que si has nacido en Galicia, una vez que estás fuera, empiezas a valorarla. Los que están fuera y no la conocen saben que cuando vengan a Galicia de viaje querrán volver. Eso sería un punto a potenciar y de hecho, la Xunta está fomentando que los nietos de gallegos emigrados vuelvan a Galicia.

P. Respecto a Estados Unidos, ¿cuáles son sus demandas?

E. L. La clave sería entender más la cultura gallega. No es culpa de la juventud, pero si entendieran bien la cultura, entenderían por qué hacemos esto.

P. ¿Qué diferencias observa entre el modo de afrontar el futuro en un joven gallego y uno residente en Estados Unidos?

E. L. Son diferentes mundos. En Estados Unidos hay muchas oportunidades, se puede hacer de todo. Da igual de dónde vienes, pero los gallegos necesitamos estar unidos y aprender más la cultura.

P. En su casa, ¿se ha educado en la cultura gallega o eso es algo que ha surgido de usted?

E. L. Me enseñaron la cultura. Es cierto que jugué más al fútbol de lo que toqué la gaita o aprendí baile, pero el gallego siempre se habla en nuestra casa. Mis padres visitan Galicia cada año. Ahora mismo están ahí y yo me siento un poco celoso porque me gustaría estar allí con ellos. Mis hermanos también visitan Galicia y les encanta y yo, cuando tengo tiempo, me acerco, especialmente en verano.

P. Dependiendo de dónde se nace y a pesar de tener la condición de gallego, ¿se perciben distintos modos de enfocar la vida?

F. J. A. Evidente. Cada uno va aprendiendo en la escuela. Yo tengo el modelo gallego porque viví en Galicia hasta los 19 años, pero ahora en Alemania voy mirando otros tipos de educación. Cuál es mejor, nadie lo sabe, pero vas cogiendo lo que a ti te interesa.

P. ¿Cómo les gustaría interconectar a las nuevas generaciones de emigrantes?

F. J. A. Sería una buena opción que todos los gallegos jóvenes emigrantes tuviéramos una red social para que pudiéramos comunicarnos y ayudar.

P. En su caso, ¿qué le aportó ser emigrante?

F. J. A. Como positivo, saber valorar Galicia y la cultura gallega, con todas sus tradiciones. Yo viví cerca de Vigo, en Pazós de Borbén, y valoro lo bonito que es Galicia: las montañas, el verde, las playas, la comida. Una vez que te vas fuera y no tienes la posibilidad de recurrir a su cultura cada día, empiezas a valorarla, echarla de menos y ahí nace la famosa ‘morriña’.

P. El ser hijo de gallegos, ¿que le ha aportado? ¿Cree que sería otra persona de haber nacido en Galicia?

E. L. Claro que sí. Yo no cambiaría nada. En Estados Unidos la mente se abre más, pero algo que siempre viene conmigo es el orgullo de sentirme gallego. Si hubiese nacido en Galicia también hubiese sido bueno para mí, pero en Estados Unidos valoro más el ser gallego, porque al amor que tengo por Galicia no puedo ponerle precio. Yo amo a Galicia. É a miña terra.

F. J. A. Es cierto que desde fuera se ve todo diferente. Ocurre con el fútbol, que cuando ves jugar a España un campeonato europeo o un mundial lo ves completamente diferente. Tienes el sentimiento a flor de piel. Sientes que está jugando tu equipo, tu patria, tu país.

P. Teniendo en cuenta que estamos en Cataluña, ¿cómo analizan el conflicto por el intento independentista?

F. J. A. Lo básico es que la unión hace la fuerza. Está demostrado que cuanto más nos separemos más débiles somos. Hay que fomentar la unión y los gallegos somos el claro ejemplo de cómo abrir fronteras y conocer otras culturas, difundir nuestra cultura y respetar a los demás, porque fuimos respetados cuando nos trasladamos a otros países. Que pase esto dentro de nuestro país, duele, porque sabes que no va a traer nada positivo, más allá de acrecentar el propio orgullo. Si se va a perjudicar a un país completo o a ellos mismos, no lo acepto. Estamos echándonos a perder a nosotros mismos, porque estamos perdiendo nuestras señas de identidad, de que somos abiertos, sociales, cuando nosotros mismos no cumplimos esa regla.

P. Pero, ¿por qué les podría perjudicar a los catalanes separarse de España?

F. J. A. Cataluña tiene unos privilegios por estar donde está, pero también por ser parte de España. Se benefició de muchas decisiones empresariales, movimientos sociales, turismo..., es un país básicamente de inmigrantes, tiene una población autóctona, pero muchas raíces son andaluzas, gallegas, etc., y pienso que se estarían cerrando fronteras a ellos mismos. Cataluña tiene importancia, pero esa importancia se la debe en parte a España, gracias al dinero que le viene del centro de España. Una vez que se corta esa línea de comunicación se ponen piedras contra ellos mismos. Gran parte del comercio interior lo pierdes. Obviamente España tiene un comercio interior que nos permite echar mano de empresas españolas, incluidas las de Cataluña, pero en el momento en el que pierdes las fronteras, a España, por motivos económicos, igual le beneficia más contratar empresas de Europa. Ya se vio lo que le podía perjudicar con la salida de empresas tras el referéndum. Y eso fue solo un pequeño ejemplo. Demostrado está también en Gran Bretaña, que se quiere separar de la Unión y está viendo perjudicada su economía. Si eso pasa a tan gran escala, imáginate lo que puede pasar a pequeña escala.

E. L. Estar unidos es muy poderoso y es la clave. Cada uno tiene sus ideas y no se puede criticar, pero no importa qué bonito es el árbol, si lo cortas por las raíces no va a crecer.

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