LA ARTISTA GALLEGA OFRECIÓ EN BASILEA SU PRIMER CONCIERTO EN EL PAÍS HELVÉTICO

Sés destaca “el orgullo identitario que se respira siempre que vas a una comunidad gallega en el exterior”

| 12 Diciembre 2018 - 14:39 h.
Sés, durante su concierto en el país helvético.
Sés, durante su concierto en el país helvético.

La artista gallega María Xosé Silvar, más comúnmente conocida como Sés, ofreció su primer concierto en el país helvético el pasado fin de semana. La sala Kuspa de Münchenstein, en Basilea, acogió a una amplia colectividad, en su mayoría gallegos residentes en Suiza, que agradecieron enormemente la cercanía de la artista.

Trabajadora incansable, inconformista y gran defensora de la lengua gallega derrochó energía y pasión sobre el escenario junto a Tito Calviño. A través de su gran chorro de voz, fuerza y carisma llegó a la sensibilidad de un público entregado con un gran repertorio musical donde la denuncia por las desigualdades entre hombres y mujeres, las injusticias, la desidia o las diferencias que hay en la sociedad la convierten en un gran comunicadora de las realidades del mundo. Disfrutó y compartió el orgullo identitario que caracteriza al gallego residente en el exterior y destacó la importancia del trabajo que realizan para mantenerlo y que perdure en el tiempo. La cantautora gallega que se define como cantareira y que presume de haber aprendido a cantar gracias a las viejas de su pueblo concedió una entrevista a este medio.

Pregunta. Es la primera vez que ofrece un concierto en el país helvético. ¿Cómo se siente? ¿Qué diferencias encuentra entre el público de la Galicia exterior y el de casa?

Respuesta. Me siento muy contenta, la relación de Galicia con Suiza, por suerte o por desgracia, fue siempre muy intensa. Varios de mis tíos fueron emigrantes aquí y en la tierra de mi madre, Carballo, muchas fueron las familias que vinieron a buscar un futuro mejor a este lugar. Realmente, por eso, el concierto no será muy diferente de otro en Galicia, excepto en un aspecto muy importante: el orgullo identitario que se respira siempre que vas a una comunidad gallega en el exterior, esa aura de dignidad y de amor por lo nuestro que te carga las pilas. En Suiza, además de escuchar un gallego con una fonética perfecta maravillosa, puedes sentirte en una especie de Galicia mejorada a ese nivel, a un nivel de amor propio.

P. ¿Qué opina del trabajo que realizan los emigrantes en los países receptores como embajadores de Galicia?

R. Un trabajo espectacular. Por desgracia, como decía, tenemos que destacar que una parte determinante de la cultura gallega fue creada y protegida por los emigrantes y exiliados en el siglo XX. Creo que eso continúa hoy en día. A nivel lingüístico, por ejemplo, las comunidades gallegas en el exterior están haciendo una labor valiosísima en este momento tan peligroso de pérdida de hablantes. Veo y oigo emocionada a niños de dos años hablar con una naturalidad que cada vez es más difícil de encontrar en el propio país. Esto además de bonito, repito, es importantísimo. Además, allá donde voy y digo que ‘son galega’, enseguida noto una respuesta cariñosa y amable, lo que da buena cuenta de la imagen positiva que nuestra gente desparrama por el mundo, de cordialidad, honestidad y profesionalidad entre otras cosas.

P. ¿Cómo percibe o cómo le transmiten la morriña los gallegos residentes en el exterior?

R. Me temo que eso es muy gallego, la ‘saudade’, esa ‘morriña’ que ves incluso en los que ya nacieron en el país de acogida. La siento muy amorosa y muy digna, un poco triste también, porque sabes que la gente es inteligente y realista y no le gusta ver cómo sus nietos vuelven a tener que pasar por lo que ellos pasaron. Se ve la situación de necesidad que el Estado español está ofreciendo a las generaciones nuevas y se respira un descontento realista, pero al mismo tiempo sin victimismo. Una crítica constructiva y una voluntad de superación y de trabajar para volver o para no volver, pero, sobre todo, para darle un futuro a los hijos e intentar que ellos no pasen por ese trance tan traumático. Aun así, lo que más veo en los centros gallegos del exterior es un amor y un orgullo inmenso por lo nuestro.

P. ¿Qué destacaría de este viaje y qué mensaje le gustaría trasladar a toda esa gente que tiene que emigrar para encontrar un futuro laboral o para, simplemente, ser valorados y remunerados dignamente?

R. Este viaje es un contacto privilegiado con mi gente en el exterior. Con toda la gente que lleva Galicia dentro del pecho y que se emociona al hablar de ella igual que yo. El mensaje que les daría es de admiración, pero también de ánimo y de fuerza, sobre todo para intentar cambiar ciertas cosas en nuestro país pensando en volver a un lugar mejor en que sí puedan ofrecer un futuro a sus hijos.

P. Es una persona luchadora y defensora de los derechos humanos, las injusticias y la igualdad. ¿Qué tiene a favor y en contra ser tan reivindicativa en la industria musical?

R. En contra ya puedes imaginar, ser vetada y reducida muchas veces, o directamente silenciada. Después también está quien cree que reivindicas ciertas cosas como una estrategia para ganar adeptos; esto sí que me hace reír, porque vamos, desde luego sería completamente gilipollas tirando piedras en mi propio tejado, pero hay gente para todo.

A favor no sé, supongo que una gran empatía de personas que se sienten igual, que ven las mismas cosas que puedo ver yo, que las sufren y que agradecen que tú cantes y hables sobre ellas. En cierto modo hay gente que siente su voz ahí también y es tremendamente agradecida conmigo, hasta extremos que ni siquiera considero que merezca, pero que me hacen sentir enormemente privilegiada. Me quedo, por supuesto, con el segundo, sentirse parte de una voz crítica y disidente desde el amor a la humanidad y a la causa más noble que yo conozco: la igualdad de todos los seres que poblamos el planeta.

P. ¿Cómo se vive el papel de la mujer en el mundo de la música?

R. Por darte una respuesta bien gallega, se va llevando. Ya sabes que ser mujer no favorece en ninguna profesión, y en ésta tampoco. Pero creo que es relativamente fácil intentar trabajar y liderar igual que cualquiera, simplemente tienes que pagar el precio de caer mal y ser criticada. Yo soy consciente de que eso es así y no pierdo más tiempo quejándome, sino aprendiendo a sobrellevarlo y a untarme bien en vaselina. Que hablen de mí aunque sea bien, como decía Dalí, porque si hablan mal quiere decir que las cosas me van muy bien, pues de los mediocres nadie habla. Siempre me hizo mucha gracia esa respuesta que él dio con valentía y con inteligencia. Todo en esta vida tiene un precio y el precio de intentar ser una mujer libre en un mundo de hombres es caer mal y que te critiquen, pero yo lo pago sin problema. Cada vez que me disgusto pienso en las sufragistas, en Rosa Parks o en Rosalía y luego me pasa...

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