RECOGE MÁS DE 50 INFORMES

José Julio Rodríguez y Blanca Azcárate publican el libro ‘Pasajeros de tercera clase’, sobre los inspectores de emigración en los barcos

| 19 Abril 2018 - 14:31 h.
J. Julio Rodríguez y Blanca Azcárate, autores del libro.
J. Julio Rodríguez y Blanca Azcárate, autores del libro.

María Pilar París, de 25 años y natural de la localidad coruñesa de Abegondo, falleció a bordo del vapor ‘Highland Brae’, que transportaba a emigrantes desde A Coruña a Buenos Aires en 1912, según describe “de manera emotiva y distante” el inspector de emigración en viaje Julio Lissarrague en su informe que, junto con más de 50 informes de diferentes inspectores, acaba de ser recopilado y analizado en el libro ‘Pasajeros de tercera clase’, de José Julio Rodríguez y Blanca Azcárate, ofreciendo una perspectiva hasta ahora desconocida.

La Ley de Emigración de 1907 recogió la necesidad de crear un cuerpo de inspectores de emigración tanto de interior y de puerto, como de inspectores en viaje, encargados de la “tutela” del emigrante durante la travesía e incluso, algunas veces, durante la llegada al puerto de destino e instalación de los mismos.

“Yo había conocido por un compañero de ‘Carta de España’, Adolfo Rivas, que existían los inspectores de migración en viajes porque hizo hace unos 10 años una exposición sobre la Inspección de Trabajo y dedicaba un pequeño apartado a los inspectores de migración en viaje”, cuenta Rodríguez, quien explica que la idea inicial era reeditar el libro que está en la biblioteca del Ministerio de Empleo y Seguridad Social ‘La tutela del emigrante español’, de Leopoldo D`Ozouville, “como homenaje a los inspectores de migración pero, en ese momento, Blanca y yo descubrimos en la biblioteca que no solo estaba éste, sino que había un montón de informes de estos inspectores que abarcaban más de 20 años –desde 1908 a 1931–. Empezamos a descubrirlos y entonces esa idea fácil, de editar uno de ellos en facsímil como homenaje, se convirtió en estudiarlos todos y transcribirlos y destacar lo que nos parecía más interesante de cada uno de ellos”, explica el actual consejero de Empleo y Seguridad Social en México. 

Esta es la primera vez que se publican estos informes. “Es información de primera mano y por eso es interesante sacarlo a la luz”, explica la profesora de Geografía de la UNED Blanca Azcárate, quien asegura que “se hacía ya o no se hacía porque los informes –en su mayoría manuscritos– están desvencijados y en muy mal estado”.

Los informes se enviaban al Consejo Superior de Emigración y ahí se tomaban nota, pero no se publicaron. “Muchos están en la biblioteca pero suponemos que otros muchos se han perdido”, comenta Azcárate.

Los autores han entresacado de cada informe lo que consideran más destacado y lo han contextualizado y comentado. Además, en los anexos, se ofrece un listado de todos los autores con los informes que han escrito, una explicación sobre la legislación de emigración vigente en ese periodo y una reproducción en facsímil de la ‘Memoria del viaje a Buenos Aires a bordo del vapor ‘Sierra Nevada’ de la Norddeutscher Lloyd de Bremen, manuscrito por el inspector Ángel Gamboa y fechado en Madrid en 1914. 

“La Ley de Emigración de 1907 –explica Azcárate– crea el cuerpo de inspectores en el interior, inspectores en el puerto e inspectores de viaje para fomentar la tutela del emigrante y garantizar y conocer cómo iban los inmigrantes hacia América, sobre todo a los que iban a Brasil, Cuba y Argentina”. 

Los inspectores en los barcos ponen voz a ese viaje y dan cuenta de si se cumplen las condiciones exigidas por la ley en diferentes aspectos como infraestructuras, sanidad, alimentación e higiene.

“Su misión –explica Rodríguez– era tutelar que las compañías navieras cumplieran con los requisitos que establece la legislación para proteger al emigrante español –que le dieran las comidas pactadas, que los dormitorios reuniesen las condiciones adecuadas– porque la mayoría de los emigrantes españoles viajaban en compañías extranjeras holandesas, italianas, británicas y alemanas”. Su tarea, explica, también era mediar en los conflictos y “proteger al emigrante español de los posibles abusos”. En el libro se recogen abusos por parte de la tripulación “desde los cocineros a los camareros que les trataban de sacar dinero para dar las raciones a las que, en principio, tenían derecho legalmente”.

Estos inspectores no siempre tenían una tarea fácil y en varios de los informes expresan “la dificultad que tienen a la hora de que el emigrante los vea como un portavoz suyo porque normalmente los ven como una autoridad, ya que muchos eran militares y marinos”, explica Blanca Azcárate, quien recuerda que “para la tripulación también era incómodo tener a los inspectores vigilando”.

“Hay algunos –explica– que por lo general siempre tienen buenas experiencias y otros que se quejan de su situación de intermediario, incluso cuando van a las colonias dentro de Brasil siguen con esa labor de inspección que nunca es cómoda pero era importante por todos los consejos que podían dar a la hora de mejorar y controlar a los que se ocupaban de los viajes de los emigrantes”.

Además, tienen que luchar para que los capitanes de los barcos respeten su condición y sus advertencias. “Los propios inspectores –comenta Rodríguez– lo dicen muy bien. Había viajes en los que se cumplían las normas y en otros no, y ellos mismos se preguntan: si cuando viajamos los inspectores tratan mal a los emigrantes, cómo será cuando no viajamos”.

Los informes de estos inspectores, que en muchas ocasiones también contenían fotos o dibujos pormenorizados, tienen una parte burocrática en la que se hace una descripción de la situación pero también cuentan con una parte que “te engancha porque son muy dramáticos como cuando describe el fallecimiento de algún inmigrante o los niños que tienen enfermedades”. También narran lo mal que lo pasan cuando cruzan el Ecuador con un calor infernal o cuando viajan animales revueltos con las personas “porque siempre aprovechaban los viajes para llevar ganado incluso a veces para alimentación”, comenta Rodríguez.

Ambos autores llevan muchos años vinculados al mundo de la emigración, ya que antes de ser consejero de Empleo y Seguridad Social, Julio Rodríguez había desempeñado diferentes cargos en la Dirección General de Migraciones y en la Secretaría General de Inmigración y Emigración. 

Por su parte, Blanca Azcárate dirigió el Centro de Estudios de Migraciones y Exilios (CEME), con sede en México y Madrid. Además, tiene experiencia en primera persona sobre la emigración, ya que en los años 70 estuvo cinco años viviendo en Alemania donde llevó a cabo un proyecto de investigación en la Universidad de Malburgo sobre el retorno a diferentes regiones como Madrid, Galicia y Andalucía y en el que se analizaban diferentes aspectos económicos, sociales y culturales.

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